Qué animal ya no existe: especies perdidas para siempre
Más del 99% de las especies que han vivido en la Tierra ya no existen. Es un número que, cuando lo procesas, te deja casi sin aliento. Desde que la vida apareció en este planeta hace unos 3.500 millones de años, la extinción ha sido el telón de fondo constante, y han ocurrido al menos cinco grandes eventos de extinción masiva que redefinieron por completo la historia biológica. La más célebre fue la del Cretácico-Paleógeno, hace unos 66 millones de años, cuando un asteroide de casi 10 kilómetros impactó en lo que hoy es la península de Yucatán, México, y liberó una energía equivalente a miles de millones de bombas nucleares. Los incendios globales, los tsunamis y el «invierno de impacto» bloquearon la luz solar durante meses o años, y con ello se fueron los dinosaurios no avianos.
Las otras cuatro extinciones masivas también fueron devastadoras. La del Ordovícico-Silúrico, hace 443 millones de años, eliminó entre el 60 y el 85% de las especies marinas por un enfriamiento global y una glaciación intensa. La del Devónico tardío, hace unos 375-359 millones de años, se llevó al 70-80% de las especies, incluida la mayoría de los peces acorazados. La del Pérmico-Triásico, apodada «la Gran Mortandad» hace 252 millones de años, aniquiló entre el 90 y el 96% de la vida marina y el 70% de la terrestre, provocada por las erupciones volcánicas de los Traps Siberianos. Y la del Triásico-Jurásico, hace unos 201 millones de años, perdió entre el 70 y el 75% de las especies por vulcanismo asociado a la apertura del Atlántico Norte.
La extinción se declara cuando no existe duda razonable de que ha muerto el último individuo, a pesar de los exhaustivos estudios realizados en su hábitat conocido durante un período prolongado. Y aquí está la clave: la extinción es para siempre. Aunque clonemos una especie desaparecida, en estricto sentido ya no será la misma especie, a lo sumo una imitación muy lograda.
Entre los animales que ya no existen y que más nos resultan familiares por su cercanía histórica, hay nombres que deberían estar grabados en la memoria colectiva. El dodo (Raphus cucullatus), un ave no voladora de un metro de altura, plumaje grisáceo, gran pico y un peso de 10 a 17 kg, vivió en la isla de Mauricio sin depredadores naturales. Nunca evolucionó junto a ellos, así que carecía del instinto de huir. Los humanos llegaron al océano Índico con ratas, cerdos, gatos y su propio apetito por la carne, y el dodo se extinguió en 1681. El último ejemplar desapareció a finales del siglo XVII.
El tigre de Tasmania o lobo marsupial (Thylacinus cynocephalus) fue el mayor marsupial carnívoro que sobrevivió hasta tiempos modernos, un animal con la mitad trasera del lomo y la cola rayada, nativo de Australia, Tasmania y Nueva Guinea. El gobierno australiano pagaba recompensas por cada animal muerto al considerarlo una amenaza para el ganado. El último ejemplar murió en el zoo de Hobart el 7 de septiembre de 1936.
La vaca marina de Steller, pariente del manatí del mar de Bering, podía medir hasta nueve metros de largo. El naturalista George Steller la observó en 1741 tras naufragar en la isla de Bering, antes de que la cazaran hasta su desaparición por su grasa y piel valiosas. La paloma mensajera (Ectopistes migratorius) formaba las bandadas más numerosas del planeta, con miles de millones de individuos, y se extinguió en apenas un siglo por la caza comercial masiva. El último individuo, una hembra llamada Martha, murió en el zoo de Cincinnati el 1 de septiembre de 1914.
La cuaga o quagga (Equus quagga quagga), una subespecie de cebra con pelaje pardo rojizo sin rayas en el lomo, vientre y patas enteramente blancas, fue aniquilada por cazadores furtivos que codiciaban su carne y piel. El último ejemplar murió en el zoológico de Artis de Ámsterdam en agosto de 1883.
El delfín del río Yangtsé o baiji (Lipotes vexillifer), conocido en China como la «diosa del Yangtsé», es el primer cetáceo extinto documentado de la era moderna por causa directa de la actividad humana. Con un sistema de ecolocalización tan avanzado que identificaba la posición de peces individuales, no pudo sobrevivir a la sobrepesca, las represas y la contaminación. Fue declarado extinto entre 2006 y 2008.
La foca monje del Caribe (Neomonachus tropicalis) era la única foca de aguas tropicales del mundo, con una longitud de 2,20 a 2,40 metros. Perseguida por su aceite, piel y carne, desapareció en 1952; fue vista por última vez ese año en la isla Serranilla, entre Jamaica y Nicaragua.
“El dodo se extinguió en 1681. El último tigre de Tasmania murió el 7 de septiembre de 1936. La última paloma mensajera, Martha, falleció el 1 de septiembre de 1914.”
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