El calamar colosal: los ojos más grandes del planeta
Hay un animal que, en la penumbra perpetua del Océano Glacial Antártico, ha desarrollado algo extraordinario. El calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni), también llamado cranquiluria antártica o calamar antártico, posee ojos que alcanzan los 27-28 centímetros de diámetro. Para que te hagas una idea: eso es un balón de baloncesto, un balón de fútbol. Los ojos más grandes de cualquier criatura viva y, según varias revisiones, de cualquier animal conocido, vivo o extinto.
Este invertebrado es además el más grande del planeta. Único miembro del género Mesonychoteuthis, familia Cranchiidae, se estima que puede medir entre 12 y 15 metros de longitud con un peso rondando los 750 kilogramos. Esos cálculos, ojo, se basan en especímenes pequeños e inmaduros y en restos parciales hallados en 1925 dentro del estómago de un cachalote. No es fácil medir a un animal que vive a más de dos kilómetros bajo el mar.
El ejemplar más largo capturado hasta la fecha midió unos 4,2 metros: una hembra de 495 kilogramos atrapada en 2007 por un barco pesquero neozelandés cerca de la Antártida. Inicialmente se estimó en 10 metros, y hoy se exhibe en el museo Te Papa Tongarewa de Wellington. Hasta el momento solo se han descubierto seis ejemplares completos o parciales, lo que explica que buena parte del conocimiento sobre la especie provenga de arrastreros de profundidad o de estómagos de cachalote.
¿Por qué unos ojos tan descomunales? La respuesta es simple y brutal: no hay luz. Los adultos se mantienen a menos de 2.200 metros de profundidad; los jóvenes, hasta un kilómetro. En ese ambiente sin fotón solar, captar el menor destello marca la diferencia entre la vida y la muerte. Esos ojos funcionan como prismáticos nocturnos especializados: maximizan la captación de luz, detectan bioluminiscencia de criaturas abisales y la sombra en movimiento de un depredador a decenas de metros.
Los ojos están orientados hacia delante para calcular distancias y poseen un fotóforo —un órgano luminoso— sobre cada uno, lo que sugiere uso de bioluminiscencia para cazar quetognatos y otros calamares. En la periferia ocular hay órganos luminosos que ayudan a detectar presas mediante contrailuminación, eliminando las sombras reveladoras. Receptores especializados distinguen luz ambiental de bioluminiscencia. Investigaciones sobre cefalópodos gigantes los describen como potentes telescopios capaces de captar señales tenues.
La rivalidad evolutiva con el cachalote es motor principal de este gigantismo ocular. Los cachalotes bucean más profundo que casi cualquier mamífero y hacen del calamar un alimento básico. El 14% de los picos de calamar hallados en estómagos de cachalotes del océano Antártico pertenecen a esta especie, llegando al 77% de la biomasa consumida por estos cetáceos en esa zona. Muchos cachalotes lucen cicatrices en el lomo atribuidas a los garfios del calamar colosal.
El calamar colosal se diferencia del calamar gigante (Architeuthis dux), con el que se le confunde a menudo. Tiene un cuerpo más ancho, robusto y pesado, manto mayor, tentáculos más cortos terminados en ventosas y garfios capaces de rotar 360 grados. Posee el pico más grande conocido entre los calamares, superando al del Architeuthis en tamaño y robustez.
El calamar gigante es el gran competidor por el récord. El Architeuthis dux posee ojos de hasta 25 centímetros —unos 10 pulgadas—, los mayores jamás medidos en registros documentados, y habita entre 300 y 1.000 metros en todos los océanos. Mide de media unos 10 metros en machos y hasta 13 en hembras, con hallazgos extraoficiales mucho mayores: un cuerpo de 18 metros en una playa neozelandesa en 1867 y un ejemplar de 21 metros y 275 kilogramos en 1993.
El título del ojo más grande está en disputa. Fuentes clásicas dan el récord al calamar gigante por ser el más medido y estudiado; los investigadores del colosal sostienen que este lo supera con ojos de más de 27 centímetros. El calamar colosal, menos conocido y capturado solo desde 1925, vive a más de 2.200 metros, lo que ha dificultado históricamente su medición directa.
En cuanto a cronología: la especie se descubrió en 1925 con dos tentáculos en un cachalote. En 1981 un barco soviético en el mar de Ross pescó una hembra inmadura de 4 metros. En 2003, un ejemplar completo de 6 metros y 195 kilogramos devorando una merluza negra de dos metros. En 2005, un individuo con tentáculos de 2,3 metros y 150-200 kilogramos, a 1.625 metros frente a Georgia del Sur.
“Solo se han descubierto 6 ejemplares completos o parciales del Mesonychoteuthis hamiltoni desde 1925”
Dato clave