La pregunta ¿qué animal sería? solo se puede responder con certeza cuando se conocen los rasgos del ejemplar en cuestión, por lo que conviene empezar analizando su morfología: el tamaño aproximado, la forma del cuerpo, el tipo de piel (pelo, plumas, escamas o piel desnuda), el número de patas, la forma de la cabeza y si presenta colas, cuernos, aletas o alas. Cada uno de estos detalles acota drásticamente el grupo al que pertenece el animal. Por ejemplo, si tiene cuatro patas y pelo probablemente sea un mamífero; si vuela con plumas, será un ave; si posee escamas y respira por branquias, muy posiblemente un pez; y si combina ocho patas con dos segmentos corporales, hablamos de un arácnido. A partir de ahí se puede afinar hasta la familia o la especie concreta, comparando con especies conocidas de la zona donde fue avistado.
Es fundamental anotar también el tamaño en cifras (longitud, altura a la cruz o envergadura), el color y las manchas, y cualquier particularidad como colmillos, garras, crestas o veneno. Con esos datos se descarta buena parte de la fauna y se llega a una lista corta de candidatos. Muchas personas cometen el error de describir solo el color, pero es la proporción del cuerpo junto al número de extremidades lo que realmente permite clasificar con seguridad un hallazgo.
Además del aspecto físico, el hábitat y el comportamiento son determinantes para dar con la respuesta correcta. Un mismo tamaño puede corresponder a especies muy distintas si una vive en el agua y otra en el bosque, por lo que hay que preguntar dónde se ha visto (mar, río, campo, ciudad, montaña) y en qué país o región, ya que la fauna es muy diversa según la zona geográfica. También ayuda saber si el animal se movía de día o de noche, si huía, si era territorial, si emitía sonidos o silbidos, y si dejaba huellas, excrementos o nidos en el suelo, porque esas pistas a veces permiten identificar la especie con más fiabilidad que la propia vista.
Para no equivocarse, lo más fiable es comparar fotografías con guías de campo, aplicaciones de identificación de fauna o bases de datos zoológicas, y en caso de duda consultar a un biólogo o a un centro de conservación local. Si el ejemplar parece herido, intoxicado o inusual, lo correcto no es acercarse ni manipularlo, sino avisar a las autoridades sanitarias o al servicio de fauna silvestre de la zona. Con todos estos pasos combinados, la incógnita de qué animal sería se resuelve con bastante precisión y de forma segura para el observador.
En definitiva, la respuesta exacta a qué animal sería depende de los detalles concretos del ejemplar, porque con la pregunta tal cual es imposible determinarlo sin más información. Ya que es un tema muy concreto y puede variar según el caso, te recomiendo que busques una respuesta más actualizada aportando una descripción, medidas, zona geográfica o una foto de referencia.