Cuando se escucha un ruido fuerte, extraño o repetitivo durante la noche, muchas personas piensan que se trata de un solo animal, pero en realidad no existe una única respuesta válida para todos los lugares. El sonido puede ser causado por insectos, aves, mamíferos, anfibios o incluso por factores ambientales como el viento, las ramas, las tuberías o las estructuras de la casa.
En zonas rurales, suburbanas o cercanas a bosques, uno de los sonidos nocturnos más frecuentes es el de los grillos. Estos insectos producen un chirrido agudo y continuo gracias a la fricción de sus alas. El canto suele aumentar con el calor, la humedad y la maduración de la población, por lo que en verano puede sonar como una banda sonora constante. Si el ruido es fino, rítmico y parece venir del suelo, la hierba o las paredes bajas, lo más probable es que se trate de grillos o de otros ortópteros como saltamontes y cigarras, aunque estas últimas son más típicas de atardeceres y noches templadas.
Otro grupo muy común son los ranas. En zonas con charcas, estanques, arroyos o humedales, los grillos pueden mezclarse con el croar de ranas. El sonido rana es más grave, húmedo y a veces parezca un trueno corto o una risa metálica. Muchas especies tienen coros nocturnos intensos durante la época de reproducción, especialmente cuando hay lluvias recientes. Si el ruido viene cerca del agua y cambia de intensidad en oleadas, hay que considerar ranas como una causa muy probable.
También son frecuentes los murciélagos. Aunque muchas personas creen que son silenciosos, algunos emiten chillidos agudos, chasquidos o pequeños ruidos al moverse cerca de tejados, ventanas, persianas o árboles. En realidad, gran parte de su comunicación y ecolocalización está por encima del rango audible para los humanos, pero en algunos momentos sí se perciben sonidos breves y penetrantes. Si el ruido parece un zumbido nervioso, un chasquido rápido o un silbido corto cerca de la estructura de la vivienda, puede ser un murciélago explorando insectos voladores.
Si el sonido es más grave, largo y melancólico, puede deberse a aves nocturnas o crepusculares. Los búhos y las lechuzas emiten chillidos, aullidos o gritos que pueden sonar como una voz humana, un silbido grave o un lamento. En muchas regiones, el canto del búho se reconoce por su tono profundo y repetido, mientras que las lechuzas pueden hacer sonidos más ásperos o parecidos a un grito corto. No todas las aves nocturnas cantan a medianoche; muchas son activas al atardecer y antes del amanecer, pero en ciertas épocas se escucha su actividad durante toda la noche.
Los perros y los gatos también son una causa muy común, sobre todo en zonas urbanas o periurbanas. Un perro que aúlla, ladra o gemido puede ser confundido con un animal silvestre, especialmente si se escucha desde lejos. Los gatos en celo, por su parte, producen maullidos largos y agudos que pueden sonar extraños y alarmantes. Si el ruido es familiar, intermitente y parece venir de patios, calles o tejados cercanos, conviene revisar primero mascotas de la vecindad antes de pensar en fauna silvestre.
En entornos con bosques o monte bajo, también pueden escucharse mamíferos pequeños, como ardillas, erizos, topos o micrótteros, aunque sus sonidos suelen ser suaves y breves. En cambio, en zonas con presencia de ciervos, jabalíes o cérvidos, se pueden oír gruñidos, resoplidos o golpes. Los loros, en regiones donde existen especies nocturnas o activas al anochecer, pueden emitir gritos muy fuertes y sorprendentes, parecidos a risas, silbidos o alarmas.
Para identificar el animal, lo más útil es observar tres factores: la altura del sonido, la distancia aparente y la hora exacta. Un sonido agudo y rápido suele ser insecto o murciélago. Un sonido grave y repetido puede ser ave, perro o mamífero. Un sonido húmedo cerca del agua apunta a ranas. Un grito largo, melancólico o parecido a una voz suele ser búho, lechuza, perro o, en algunos lugares, otro mamífero grande. También importa la estación: en primavera y verano hay más insectos y anfibios; en otoño y invierno, más aves, mamíferos y perros activados por la oscuridad o el celo.
En conclusión, no hay un solo animal que haga ruido en la noche, sino varios grupos de fauna que pueden producir sonidos según el entorno, la hora y la época del año. Si el ruido es agudo y continuo, suele ser un insecto como un grillo. Si es grave, melancólico o parecido a una voz, puede ser un búho, una lechuza o un perro. Si suena cerca del agua, probablemente sean ranas. Lo más recomendable es identificar el lugar exacto, la hora y el tipo de sonido para reducir las posibilidades y evitar sustos innecesarios.