Los animales que hacen ruido en la noche: una sinfonía bajo la oscuridad
Cuando el sol cae y la oscuridad cubre el paisaje, el mundo animal se transforma en un escenario sonoro lleno de misterio. Los animales nocturnos salen de sus escondites y llenan el aire con una sinfonía que va desde aullidos profundos hasta chirridos agudos, desde croares graves hasta silbidos cristalinos. Estos sonidos son, muchas veces, la única evidencia visible (o audible) de que la vida salvaje sigue activa bajo el manto estrellado.
El búho es, sin duda, el más reconocible de todos. Su característico ulular, ese uh-uh... hooooooo que resuena en bosques y campos, se ha convertido en el sonido nocturno por excelencia. Pero su repertorio va mucho más allá: gritos territoriales, chillidos defensivos, ladridos de apareamiento, gruñidos graves que suenan como un bocinazo desde lo profundo de la garganta, chasquidos y píos cortos entre padres y crías. El búho cornudo, por ejemplo, emite dos notas cortas y profundas seguidas de un largo hooooooo audible a varias millas, una llamada que dice, esencialmente: este territorio es mío.
Las lechuzas, emparentadas con los búhos, producen un aullido penetrante que ha quedado inmortalizado en la cultura popular como símbolo de misterio y suspense. Los chotacabras aportan un sonido vibrante y repetitivo, los autillos un canto más corto y agudo, e incluso la paloma de luto común emite un whoooo whooooo que puede confundirse con un ulular de búho. No todo ruido nocturno tipo buho viene de un buho.
Los anfibios son protagonistas absolutos del concierto nocturno, sobre todo en primavera y verano, junto a estanques y ríos. Cada rana y cada sapo tiene un croar distintivo que funciona como señuelo para hembras y como cerco territorial. Los sapos machos del este de EE.UU. emiten un chirrido de apareamiento de hasta 30 segundos; los sapos boreales suenan como gansos jóvenes; la rana coqui macho llega a los 90 decibelios con dos notas musicales en Hawái, Puerto Rico y el sureste americano.
Los insectos forman el coro constante. El grillo frotando sus alas (estridulación) produce ese zumbido alegre que llena las noches cálidas de verano. Los saltamontes chirrían frotando fémures contra alas. Y las cigarras (familia Cicadidae), conocidas como chicharras, cocuyos o chiquilichis según el país, son literalmente los insectos más ruidosos del planeta: miden 65 mm máximo, producen hasta 120 decibelios con vibraciones de 86 Hz, y lo hacen inflando sacos de aire abdominales a través de membranas llamadas timbales. Solo los machos cantan, y un solo canto puede durar dos semanas. Cuando cientos cantan a la vez, el zumbido se vuelve abrumador.
| Especie nocturna | Sonido típico | Función principal |
|---|---|---|
| Búho cornudo | Hoo... hooooooo | Territorio, cortejo |
| Lechuza común | Aullido penetrante | Comunicación, alarma |
| Rana coqui | Dos notas, hasta 90 dB | Apareamiento |
| Cigarra macho | Zumbido, hasta 120 dB | Atracción de hembra |
| Grillo | Chirrido melodioso | Territorio, cortejo |
“La cigarra macho alcanza 120 decibelios con solo 65 mm de cuerpo, inflando sacos de aire abdominales a través de timbales. Un canto puede durar dos semanas.”
Dato clave