El animal que guarda la comida en los cachetes: el hámster y sus abazones
Cuando alguien pregunta qué animal guarda la comida en los cachetes, la respuesta más directa es el hámster. Pero detrás de esa imagen tan familiar de un pequeño roedor con las mejillas infladas como globos, hay toda una anatomía fascinante que la ciencia denomina abazones.
Un abazón es cada uno de los dos sacos o bolsas que ciertos mamíferos poseen dentro de la boca, diseñados para depositar los alimentos antes de masticarlos. No hablamos de un solo animal: este rasgo aparece en monos, roedores como las tuzas y las tuzas canguro, ardillas, ratas topo y, por supuesto, hámsteres. Es una adaptación evolutiva que se repite en linajes muy diversos.
El tejido que forma el abazón guarda una composición parecida a la del tejido adiposo, y en condiciones normales contiene entre un 10 y un 20 % de las grasas necesarias. Nace en la comisura de la boca y se extiende hasta el cuello, lo que explica por qué un hámster puede verse como una bola uniforme de pelo cuando llena sus mejillas: el saco llega a estirarse hasta el triple de su tamaño normal e incluso alcanza hombros o caderas en algunas especies.
Dentro del abazón no hay glándulas digestivas, así que la comida almacenada no se digiere prematuramente. Un hámster puede mantener sus sacos repletos durante un día entero sin que el alimento se deteriore. Es un almacén seco, limpio, elástico, pensado para transportar y no para cocinar.
En la naturaleza, los hámsteres son animales nocturnos. Recorren túneles bajo tierra, recolectan semillas, frutas, vegetales e incluso insectos, y regresan a su madriguera cargados. Construyen una habitación para el aseo y otra especial para guardar provisiones, siempre deseada a rebosar. Instintivamente saben qué comida es su favorita y cuál conviene evitar.
El hámster común o dorado, el más estudiado por la ciencia, vive en libertad en galerías que él mismo excava y limpia con obsesión higiénica. Al terminar el invierno arranca la temporada de trabajo: debe acumular toda la alimentación posible. En junio deja de recolectar para evitar el calor intenso, y durante meses descansa para esquivar el frío. Si el clima es muy duro, llega a hibernar. Necesita reservas para medio año, para sí mismo y para sus crías.
La dieta equilibrada de un hámster salvaje incluye frutos secos, verduras, frutas, algo de carne y variedad suficiente para cubrir sus necesidades nutricionales. Todo ello cabe en unos cachetes capaces de contener una cantidad que, en ocasiones, supera el tamaño de su propia cabeza.
Para vaciar un abazón, el animal usa las patas delanteras, comprimiendo desde atrás hacia delante. Es un gesto instintivo que cualquier propietario de hámster reconocerá enseguida al ver a su mascota apretándose las mejillas sobre la casita.
En casa, encontrar comida acumulada dentro del hábitat del hámster es un comportamiento completamente natural. No debe preocupar al dueño, salvo que se observen signos de problemas en las bolsas: el animal se muestra nervioso, se rasca las mejillas y deja de comer.
Los abazones pueden sufrir patologías: alimentos afilados y duros provocan infecciones, abscesos y, a veces, prolapso o eversión de la bolsa hacia fuera. Con antibióticos, analgésicos y probable intervención quirúrgica, el animal suele recuperarse con rapidez. Si el contenido se compacta o fermenta por no vaciar la bolsa, llenar el abazón con agua destilada tiende a solucionar la obstrucción.
“Un hámster puede mantener sus abazones llenos durante un día entero sin que la comida se deteriore ni se digiera prematuramente.”
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