Qué animal grita como un humano: la verdad detrás del grito nocturno
El animal que con más fuerza se asocia al grito de un ser humano es el zorro rojo (Vulpes vulpes). Sus vocalizaciones nocturnas, agudas y penetrantes, se confunden a menudo con el alarido de una persona en peligro. Y no es una exageración: muchas personas llaman a la policía creyendo que alguien está siendo atacado, cuando en realidad solo escuchan a un zorro comunicándose con sus congéneres.
Stephen Harris, biólogo de la Universidad de Bristol (Reino Unido), confirma que en ocasiones una persona cree escuchar los gritos de alguien en apuros y llama a las autoridades. La experiencia, dice, es tan perturbadora como imaginar que un asesino recorre las calles de la ciudad. Los gritos del zorro, habitante salvaje de las urbes, pueden sonar exactamente así.
Harris describe dos tipos de vocalizaciones que se escuchan sobre todo durante la temporada de apareamiento invernal:
- El «grito» corto y explosivo: una advertencia agresiva de un macho a sus rivales.
- El «chillido»: una vocalización más compleja e interactiva, empleada por ambos sexos, sobre todo por las hembras para atraer parejas.
Estos sonidos caracterizan las noches urbanas de invierno, y no solo porque los zorros sean más vocales en esta época. El aire frío y la falta de vegetación implican que sus gritos recorren más distancia, lo que hace que el chillido del zorro sea mucho más audible y perturbador durante los meses de clima frío.
El repertorio vocal del zorro rojo es mucho más diverso que un simple ladrido. Puede producir alrededor de 30 sonidos diferentes, entre ellos:
- El «grito de la zorra», un lamento penetrante usado para apareamiento y disputas territoriales.
- El ladrido, un breve y agudo «wow-wow-wow» para comunicación general.
- El «gekkering», una charla entrecortada y chasqueante que suena como una risa maníaca, usada durante encuentros agresivos o juegos.
Los zorros también emiten lloriqueos, ronroneos y silbidos de baja frecuencia para mantener los lazos familiares, especialmente entre padres y cachorros o entre parejas unidas. Cuando se sienten acorralados, en momentos de miedo o agresión, pasan a silbar y gruñir con ruidos discordantes e impredecibles para asustar a un depredador y ganar segundos para escapar.
Los zorros están estrechamente relacionados con los perros y, al igual que ellos, tienen una variedad de formas de comunicarse. Pero a diferencia de los perros, que gruñen, ladran y chillan, los zorros tienen un tono de vocalización más alto; por esta razón el ruido puede parecer un grito humano. Para quien no está familiarizado con el sonido, suena como una mujer en apuros.
Harris vivió su propia historia de terror con los zorros una noche que se encontraba solo en un cementerio mientras seguía por radio a un raposo. Incapaz de ubicar a la hembra, se apoyó contra una lápida; el animal se deslizó a sus espaldas, se sentó a menos de dos metros y emitió un grito potentísimo. El biólogo recuerda que nunca había saltado tanto en su vida. Escuchar ese sonido tan cerca, en plena noche, en un cementerio, fue terrorífico.
Los zorros son nocturnos: salen de sus guaridas al atardecer y regresan antes del amanecer para dormir durante el día, y pasan la noche cazando cuando hay menos competencia y distracciones. Tienen excelentes capacidades auditivas y pueden oír hasta 360 pies de distancia. Las llamadas suelen ser de corta duración y solo son más obvias durante la temporada de apareamiento, alrededor de enero y febrero.
En cuanto a seguridad, es muy poco común que los zorros ataquen a los humanos por la noche. El único momento en que pueden morder es en defensa propia, cuando sienten que no tienen ruta de escape. Prefieren huir y evitar peleas, y se sabe que dejan ilesos a niños en cochecitos. Si un zorro se acerca sin huir, conviene hacer una presencia ruidosa —aplaudir, gritar, pisotear o usar un silbato— dándole siempre una vía de escape.
“La lechuza común vuela en completo silencio: su grito aparece de la nada en la oscuridad, lo que acentúa el efecto de terror para quien lo escucha.”
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