Para responder a la pregunta de qué animal es Xilón, primero debemos aclarar que en la cosmovisión mesoamericana, los dioses eran entidades complejas que a menudo encarnaban múltiples aspectos de la naturaleza. Xilón, cuyo nombre se asocia etimológicamente con el venado, era una deidad menor pero fundamental, conocida como el señor de los animales y guardian de los cerros. Aunque su nombre está intrínsecamente ligado al venado, la iconografía y los rituales asociados a él también le conectan fuertemente con el jaguar. Esta dualidad es clave para entender su poder: el venado representaba la elegancia, la velocidad y la conexión con el mundo vegetal y las montañas, mientras que el jaguar simbolizaba la fuerza bruta, la ferocidad y el dominio sobre la oscuridad y la noche. Por lo tanto, no es un solo animal, sino una fusión simbólica donde el venado es su nombre y esencia primordial, pero el jaguar es su manifestación de poder guerrero y espiritual.
La relación entre Xilón y estos felinos y ungulados no era meramente estética, sino práctica y ritual. Los aztecas creían que Xilón tenía el poder de transformar a los hombres en animales, especialmente en venados o jaguares, lo cual se consideraba un acto sagrado pero también peligroso si no se hacía con la debida autoridad. En los textos codices, se describe cómo los sacerdotes de Xilón realizaban rituales donde imitaban el movimiento del venado para pedir lluvias y abundancia, y la fuerza del jaguar para asegurar la victoria en batalla o la protección contra espíritus malignos. La zoofilia en este contexto religioso no era un acto sexual, sino una unión mística con la esencia animal para obtener sus poderes. Así, cuando se pregunta por el animal de Xilón, la respuesta más precisa es que su forma principal y nomenclatural es el venado, pero su poder espiritual y guerrero reside en la naturaleza del jaguar, haciendo de él un dios transformativo y protector de la vida salvaje.
En conclusión, aunque Xilón lleva el nombre del venado, su esencia divina abarca la fuerza del jaguar. Es una deidad de la naturaleza salvaje y la transformación, donde ambos animales son facetas de su poder espiritual y protector en la cultura azteca.