¿Qué animal brama? El ciervo rojo, protagonista del otoño salvaje
Se conoce comúnmente como berrea o brama al periodo de celo del ciervo rojo (Cervus elaphus), un mamífero de la familia de los cérvidos. El nombre le viene del sonido gutural que emiten los machos durante esta época, un bramido profundo, largo y resonante que se asemeja a un trueno lejano y que atraviesa llanuras, reverbera entre cañones y montañas.
Este período se inicia a comienzos del otoño boreal, normalmente a finales de septiembre, y se prolonga durante varias semanas, generalmente entre mediados de septiembre y mediados de octubre en el hemisferio norte. Marca el inicio de la temporada reproductiva de estos animales y transforma los bosques y dehesas en una experiencia sonora inigualable.
La berrea es el impresionante ritual de apareamiento del ciervo rojo. Se distingue por los potentes bramidos que emiten los machos, audibles a gran distancia, incluso a más de un kilómetro o varios kilómetros en condiciones favorables. Estos sonidos cumplen una doble función: atraer a las hembras y establecer la dominancia frente a otros machos, funcionando como señal de poder y advertencia para los rivales.
Durante la berrea, los machos se encuentran en su máximo esplendor físico al comenzar la temporada. Intentan adueñarse de un territorio, y los preferidos son aquellos donde las hembras deben beber o alimentarse. Las demostraciones de poder incluyen los berreos y las luchas rituales, en las que utilizan su cornamenta como principal arma.
El término «berrea» proviene precisamente del característico bramido que los ciervos machos emiten durante la época de celo. Este sonido profundo y gutural es clave en el ritual de apareamiento, y se describe como un rugido grave que llena el aire otoñal de una intensidad casi sobrenatural. Quien lo escucha por primera vez, a menudo entre la niebla de un amanecer serrano, siente una emoción que no se olvida fácilmente.
Los machos experimentan notables cambios físicos durante este periodo: su pelaje se oscurece adquiriendo tonos más intensos, los cuellos se engrosan aumentando su apariencia imponente, y las astas, que han estado creciendo durante meses, alcanzan su máximo desarrollo. Adoptan posturas intimidantes, olfatean el aire en busca de hembras receptivas y marcan su territorio con secreciones glandulares y orina, emitiendo un olor intenso y salvaje.
El momento más impactante es cuando los machos se enfrentan en intensos duelos, chocando sus cornamentas en una lucha por el dominio. Estos combates pueden durar horas y ponen a prueba la fuerza y resistencia de cada contendiente. El ganador asegura el derecho a formar su harén, que puede estar compuesto por hasta 20 hembras, e incluso hasta 50 según algunas fuentes. Mientras los machos luchan, las hembras permanecen tranquilas, esperando a que el más fuerte prevalezca.
La intensidad de este esfuerzo tiene un coste físico notable: los machos pueden llegar a perder hasta un 25% de su peso corporal durante la berrea, agotados por la competencia constante, las luchas y la vigilancia de sus harenes, que les deja poco tiempo para alimentarse. Al finalizar la temporada, quedan visiblemente más delgados y debilitados, necesitando varias semanas para recuperarse durante el invierno.
La cornamenta del ciervo es mucho más que una estructura decorativa: es un símbolo de poder, salud y genética superior, y el elemento clave en la competencia por el apareamiento. Cada año los machos mudan su cornamenta y la regeneran por completo; durante su crecimiento está cubierta por una capa de piel de terciopelo que luego se seca y desprende. El tamaño y ramificación de las astas reflejan la edad y condición física del ciervo, y pueden llegar a pesar entre 5 y 10 kilogramos en los ejemplares más viejos y saludables.
En el hemisferio sur, como en la Argentina, la brama del ciervo colorado coincide con el otoño local, es decir marzo y abril. En la Reserva Provincial Parque Luro, a 35 kilómetros de Santa Rosa, en La Pampa, se protege uno de los últimos relictos de bosque de caldén del país, donde cada otoño ocurre uno de los espectáculos naturales más intensos de Argentina. El ciervo colorado fue introducido por Pedro Olegario Luro, quien lo trajo desde los Cárpatos para su coto de caza, y la especie se adaptó tan bien que se expandió desde La Pampa hacia la Patagonia.
“Los machos pierden hasta un 25% de su peso corporal durante la berrea, agotados por luchas y vigilancia del harén”
Dato clave