Mejor forma de guardar libros: guía completa de conservación y organización
Guardar libros de forma adecuada es fundamental tanto para preservar su estado físico como para disfrutarlos en el mejor momento posible. La temperatura ideal para almacenar libros se sitúa entre los 16 °C y los 20 °C, mientras que la humedad relativa debe mantenerse entre el 35 % y el 50 %. Estas condiciones evitan que el papel se deforme, que la tinta se desvanezca y que aparezcan hongos o moho con el paso del años.
El colocamiento en estanterías es uno de los aspectos más debatidos. Los libros de lectura frecuente deben colocarse verticales, con el lomo hacia afuera, para facilitar su identificación y evitar que la espalda del libro se abombille. Sin embargo, los volúmenes muy pesados o de gran formato (atlases, enciclopedias) conviene depositarlos horizontales, apilados uno sobre otro, para que el peso no deforme la encuadernación.
La luz solar directa es el enemigo número uno de los libros. Los rayos UV degradan la tinta, amarillean las páginas y resecan el cuero de las tapas. Si tu estantería está junto a una ventana, instala cortinas o persianas que filtren la luz, o bien utiliza vidrios con protección UV. Incluso la iluminación artificial de proximidad puede ser perjudicial si se mantiene encendida muchas horas sobre los volúmenes.
El material de las estanterías importa más de lo que parece. Evita estanterías metálicas directamente en contacto con muros de ladrillo sin revestir, ya que la condensación puede transferir humedad al libro. Las estanterías de madera noble (roble, nogal, cedro) son excelentes porque regulan la humedad ambiental y repelen naturalmente a los insectos xilófagos. Si usas estanterías de cartón-piedra o MDF, asegúrate de que tengan un revestimiento lacado que no transpire.
Para la protección frente a plagas, introduce en los estantes pequeños sachets de hojas de laurel seco, canela en rama o bolsas de silicagel desecante. Evita el uso de naftalina o productos químicos agresivos cerca del papel. Una revisión semestral de la colección, pasando un paño suave por los lomos y revisando los volúmenes inferiores, permite detectar a tiempo cualquier presencia de polillas del libro o carcomas.
La organización temática o alfabética no solo estéticamente agradable, sino que reduce el manipulado innecesario. Cada vez que sacas un libro de su sitio para buscarlo y lo recolocas, introduces una pequeña fricción en la encuadernación. Un sistema de catalogación simple (etiquetas de color por género, numeración por orden de adquisición) te ahorrará cientos de manipulaciones al año.
Si dispones de espacio limitado, las cajas de archivado con tapa ventila son útiles para libros que no consultas a menudo, siempre que estén en una zona seca y fresca del hogar. Nunca guardes libros en el garaje, el desván o el trastero, donde las oscilaciones térmicas son extremas. Tampoco los apoyes directamente sobre el suelo: usa una base de al menos 10 cm de altura para alejarlos de la humedad capilar.
Los libros de piel o con tapas flexibles requieren un cuidado extra: colócalos con separadores de cartón ácido-neutral entre cada volumen para que las tapas respiren y no se peguen. Evita el papel de aluminio o el plástico de bolsa, que atrapan humedad y provocan manchas irreversibles. Para colecciones valiosas, las cajas de conservación de cartón libre de ácido son la inversión más rentable a largo plazo.
Finalmente, nunca coloques libros con líquido por encima: ni jarras de agua, ni plantas que gocen en la estantería. Una caída accidental puede anular años de cuidados. Si un libro se moja, sécalo con papel de cocina sin frotar, aplanado entre dos cartulinas, y déjalo secar a temperatura ambiente, lejos de radiadores.
Coloca libros pesados en horizontal y los de lectura frecuente en vertical con el lomo hacia afuera para no deformar la encuadernación.
Dato clave