La decisión de si conviene más ahorrar en pesos o dólares es una de las consultas más recurrentes entre los inversores de economías emergentes. Para responder a esta interrogante, no existe una respuesta única que aplique a todos los perfiles, ya que el resultado depende directamente del horizonte temporal de la inversión, la tolerancia al riesgo y, fundamentalmente, el comportamiento macroeconómico local.
Ahora bien, si miramos los últimos diez años, la historia reciente nos muestra que el dólar estadounidense ha actuado como una cobertura efectiva contra la devaluación de la moneda local. Cada vez que el tipo de cambio oficial no logra seguir el ritmo de la inflación doméstica, la brecha entre ambas monedas se amplía, generando un incremento en el poder adquisitivo de quien posee activos denominados en la divisa extranjera. Esto no significa que el dólar sea una inversión libre de riesgos, ya que su valor frente al peso también fluctúa, pero históricamente ha ofrecido una preservación del capital superior a la obtenida mediante depósitos en moneda local a corto plazo.
Por otro lado, ahorrar en pesos no es necesariamente una mala idea si se hace con inteligencia. La clave radica en no dejar el dinero quieto en una cuenta de caja de ahorro que no genera intereses, sino en buscar instrumentos financieros remunerados en moneda local. Hoy en día existen bonos soberanos y corporativos que ofrecen tasas de interés reales positivas, es decir, que superan la inflación. También están los plazos fijos tradicionales o los fondos comunes de inversión de renta fija. Si el rendimiento anual de estas inversiones supera al incremento del índice de precios al consumidor (IPC), el ahorrador gana poder adquisitivo.
El riesgo principal de mantener todo en moneda local es la devaluación súbita o un salto inflacionario que no se refleje inmediatamente en las tasas de interés. Por eso, la estrategia más recomendada por los analistas financieros suele ser la diversificación. No poner todos los huevos en la misma canasta es la regla de oro. Una combinación equilibrada, por ejemplo, un 50% en activos en dólares (ya sea en efectivo, bonos en moneda extranjera o fondos que inviertan en ETFs globales) y un 50% en instrumentos en pesos con alta liquidez y buen rendimiento, puede ofrecer un equilibrio entre la protección frente a la inflación y la ganancia por diferencia de cambio.
En conclusión, la mejor estrategia no es elegir un bando de forma excluyente, sino construir un portafolio diversificado. Si tu horizonte es a corto plazo, los instrumentos en pesos con tasas de interés altas pueden ser más líquidos y rentables. Si buscas protección patrimonial a largo plazo, el dólar debe tener un peso importante en tu cartera. Recuerda que las divisas extranjeras también tienen volatilidad, por lo que la constancia y la revisión periódica de tu plan financiero son esenciales para mantener tu poder adquisitivo a salvo.