Para entender la diferencia entre TDA (Trastorno por Déficit de Atención) y TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), es fundamental realizar un recorrido histórico por los manuales de diagnóstico. En ediciones anteriores del DSM, específicamente hasta la versión 4, existían distinciones claras: el TDAH era el término general, pero se subdividía en subtipos. Por un lado, estaba el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (ahora llamado predominante hiperactivo/impulsivo o mixto) y, por otro, el Trastorno por Déficit de Atención sin Hiperactividad, que era aquel donde el paciente presentaba principalmente problemas de concentración, distracción y desorganización, pero no cumplía los criterios clínicos para la hiperactividad motora.
La confusión surge porque en la práctica clínica cotidiana se ha usado TDA como sinónimo coloquial de la variante inatenta o simplemente como abreviatura incorrecta. Sin embargo, técnicamente, TDA no es un diagnóstico independiente en el sistema actual, sino una descripción de los síntomas atinentes a la atención que forman parte del espectro mayor conocido hoy como TDAH.
La gran revolución ocurrió con la publicación del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) en el año 2013. En esta edición, los especialistas unificaron los diagnósticos para reflejar mejor la naturaleza biológica y evolutiva de la condición. Se eliminó la distinción formal entre TDAH infantil (con hiperactividad) y TDAH en adultos (que a menudo se manifiesta solo como inatención). Ahora, existe un único diagnóstico: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
Dentro de este mismo diagnóstico, existen tres presentaciones o subtipos que explican la variabilidad sintomatológica:
1. Predominante inatenta: Aquí es donde antes se diagnosticaba lo que coloquialmente llamábamos TDA. El individuo tiene dificultades para sostener la atención, olvidos y descuidos, pero no presenta exceso de movimiento.
2. Predominante hiperactiva-impulsiva: Predomina el movimiento excesivo y la impulsividad, con menos problemas de atención que en los otros casos.
3. Combinationada: Se cumplen criterios tanto para inatención como para hiperactividad e impulsividad simultáneamente.
En resumen, no hay diferencia biológica entre TDA y TDAH; la diferencia es terminológica y clasificatoria. Hablemos de TDAH en todos los casos, especificando si la presentación es predominantemente inatenta.
En conclusión, la distinción entre TDA y TDAH es obsoleta en el marco diagnóstico actual. Al buscar ayuda profesional o información sobre salud mental, siempre debe utilizarse el término TDAH, aclarando si se trata de una presentación predominantemente inatenta, hiperactiva o mixta. Esta precisión es vital para recibir la intervención terapéutica adecuada, que puede incluir psicoterapia, entrenamiento en habilidades de organización y, en algunos casos, tratamiento farmacológico.