La principal diferencia física radica en la presencia o ausencia de brazos. Mientras que el calamar (o jibión) posee ocho brazos cortos rodeando su boca y dos largos tentáculos, la pota (o choco) carece completamente de los tentáculos largos y presenta un cuerpo más estrecho, alargado y rígido. Esta estructura corporal hace que la pota tenga una textura mucho más densa y fibrosa en comparación con el calamar, cuyo tejido es más suave, blanco y tierno. En cuanto a la forma, el cuerpo del calamar suele ser cónico o tubular, mientras que la cabeza de la pota es más angulosa y parece tener un aspecto más 'cuadrado' o robusto al compararlo visualmente con su pariente cercano.
En términos culinarios y de sabor, ambos son mariscos deliciosos pero se comportan distinto en el fuego. El calamar es extremadamente versátil; se cocina rápido, ideal para aros, rellenos o guisos cortos, ya que si se overcoccin se vuelve gomoso y desagradable. La pota, debido a su mayor cantidad de colágeno y fibras musculares, requiere cocciones más largas (guisos, estofados) para ablandarse y liberar un sabor más intenso y profundo. Aunque el calamar suele ser más económico en muchas regiones, la pota aporta una experiencia gastronómica distinta por su consistencia única que retiene mejor los jugos de las salsas complejas.
En resumen, aunque ambos pertenecen al grupo de los cefalópodos y son ingredientes estrella de la gastronomía marina, su estructura corporal dicta su método de preparación. Elige el calamar para platos rápidos y tiernos, y la pota para guisos tradicionales donde su sabor intenso brille tras una cocción prolongada.