El ajolote es una criatura fascinante con una capacidad asombrosa de regeneración, pero su cuidado requiere compromiso y conocimiento profundo. Para empezar, necesitas un tanque adecuado, mínimo de 60 litros para un solo ejemplar, ya que son muy sensibles a la calidad del agua. La temperatura es crítica: debe mantenerse entre 15 y 18 grados centígrados, por lo que en climas cálidos necesitarás un chiller o refrigerador acuario. El sustrato debe ser suave, como grava fina redondeada o arena especial, para evitar que los trague. La filtración es vital; usa una bomba externa suave con flujo bajo, ya que los ajolotes no toleran corrientes fuertes. Realiza cambios parciales de agua semanales del 20 por ciento para mantener los niveles de amoniaco y nitratos bajos.
En cuanto a la alimentación, los ajolotes son carnívoros activos. En juveniles, les encantan las larvas de mosquito, gusanos de tierra pequeños y bloodworms. A medida que crecen, puedes ofrecerles gusanos de tierra más grandes, camarones sin cabeza y cubos de carne magra como ternera o pollo, siempre en trozos pequeños. Nunca les des pescado crudo, ya que puede contener la enzima tiaminasa que destruye la vitamina B1 y causa enfermedades graves. La iluminación debe ser suave o inexistente, prefieren la penumbra. Evita las plantas vivas, porque las morderán y tragarán; usa plantas artificiales suaves si quieres decorar. La manipulación es el mayor enemigo: nunca lo toques con las manos desnudas, ya que su piel absorbe toxinas y bacterias del jabón o saliva. Si lo mueves, usa una red de malla muy fina.
Tener un ajolote es una responsabilidad a largo plazo, ya que pueden vivir más de 15 años. Con paciencia, agua limpia y una dieta adecuada, te recompensará con su comportamiento curioso y adorable. Observa siempre sus aletas y branquias; si se ven pálidas o con mocos, consulta a un veterinario exótico de inmediato.