La resistencia al agua en los dispositivos de Apple ha evolucionado significativamente en los últimos años, pasando de una protección básica contra salpicaduras a una clasificación oficial de inmersión. Históricamente, el primer iPhone que incorporó resistencia al agua certificada fue el iPhone 7, lanzado en 2016, aunque en ese entonces la compañía no publicaba una clasificación IP específica y desaconsejaba el uso en mojado. Con la llegada del iPhone 8 y el iPhone X en 2017, Apple comenzó a certificar estos dispositivos con el estándar IP68, lo que permitió a los usuarios sumergirlos temporalmente en agua dulce sin daños estructurales inmediatos. Desde entonces, todos los modelos sucesivos, incluyendo las series iPhone 11, iPhone 12, iPhone 13, iPhone 14, iPhone 15 y el reciente iPhone 16, mantienen o mejoran esta certificación. Es crucial entender que la clasificación IP68 indica que el dispositivo es hermético al polvo y puede soportar inmersión en agua hasta una profundidad de 6 metros durante un máximo de 30 minutos bajo condiciones de laboratorio controladas. Sin embargo, es vital recordar que esta resistencia no es permanente; con el tiempo, el desgaste mecánico, la exposición a temperaturas extremas o el uso diario pueden degradar las juntas de sellado, reduciendo la capacidad del teléfono para mantenerse seco.
A pesar de las certificaciones oficiales, Apple establece una política estricta en su garantía que no cubre los daños causados por la exposición a líquidos, incluso si el dispositivo está activo y dentro de los límites de su clasificación IP68. Esto significa que, aunque tu iPhone sobreviva a una caída accidental en la piscina o el mar, los gastos de reparación por corrosión interna no serán asumidos por el servicio técnico oficial. La resistencia al agua también varía ligeramente entre modelos; por ejemplo, los iPhone 13 y posteriores están diseñados para soportar inmersión a 6 metros, mientras que los modelos iPhone 12 y anteriores (desde la serie 7) suelen tener una certificación más conservadora de 2 metros durante 30 minutos. Además, es importante distinguir entre agua dulce y agua salada o clorada; el agua del mar o la piscina puede ser más corrosiva para los componentes internos a largo plazo, aunque la prueba IP68 se realiza con agua dulce. Por lo tanto, aunque técnicamente se puede meter al agua cualquier iPhone desde la serie 7 en adelante, se recomienda usar esta capacidad únicamente como una red de seguridad ante accidentes y no como una función principal para actividades acuáticas deliberadas.
En conclusión, prácticamente todos los iPhone modernos desde el modelo 7 son resistentes al agua, siendo los más recientes (serie 11 a 16) los más capacitados para inmersiones en agua dulce hasta 6 metros. No obstante, la resistencia al agua no es a prueba de fugas absolutas ni permanente, y la garantía del fabricante no protege contra daños por líquidos. Se recomienda siempre evitar la exposición deliberada a líquidos para preservar la integridad del dispositivo a largo plazo.