Cuando se pregunta por el animal que vive más años, la respuesta más conocida suele ser la tortuga gigante, especialmente por el caso de Jonathan, una tortuga terrestre originaria de las Islas Seychelles que supera los 190 años y sigue viva. Este ejemplar es uno de los animales vertebrados más longevidos que se han documentado y se ha convertido en un símbolo universal de la resistencia biológica. Sin embargo, para dar una respuesta precisa conviene aclarar que la longevidad animal puede medirse de distintas formas: por la edad máxima registrada de un individuo, por la esperanza de vida de una especie, o incluso por la capacidad biológica de rejuvenecer y evitar la muerte por senescencia.
Si ampliamos el concepto de animal y no nos limitamos a los vertebrados grandes, aparece otro caso fascinante: la medusa Turritopsis dohrnii, conocida popularmente como la medusa inmortal. Este organismo marino puede revertir su ciclo vital y volver a una etapa juvenil, lo que le permite evitar la muerte por envejecimiento durante mucho tiempo. En la práctica, no siempre sobrevive a depredadores, enfermedades o cambios ambientales, pero desde el punto de vista biológico posee una estrategia extraordinaria de supervivencia. Por eso, la respuesta depende del criterio: si hablamos del animal vertebrado individual más longevo documentado, la referencia es la tortuga gigante; si consideramos la posibilidad biológica de renovar el organismo, la medusa Turritopsis ocupa un lugar único en la naturaleza.