Cosas que hicieron los romanos en España: su legado en Hispania
La presencia romana en la península ibérica, conocida como Hispania, se extiende desde aproximadamente el 218 a.C. hasta el saqueo de Roma en el 410 d.C., un periodo de más de seis siglos que transformó radicalmente el territorio. Los romanos no solo conquistaron, sino que reorganizaron la geografía física y humana de España con una planificación urbana y administrativa sin precedentes en la historia europea. Una de las obras más emblemáticas es la red de calzadas romanas. La Vía Augusta, que unía Tarragona (Tarraco) con Gades (Cádiz) a lo largo de la costa mediterránea, es una de las rutas más extensas del imperio, con más de 1.500 kilómetros. La Vía de la Plata, que conecta Astorga con Mérida (Emerita Augusta), sigue siendo transitada hoy en día y sus tramos conservados permiten apreciar la precisión ingenieril romana. En total, se estima que los romanos construyeron más de 80.000 kilómetros de caminos en Hispania. Los acueductos representan la cumbre de la ingeniería hidráulica romana en España. El Acueducto de Segovia, con sus dos arcos de 28 metros de altura y sin uso de mortero, sigue funcionando parcialmente y es Patrimonio de la Humanidad desde 1983. En Tarragona, el Acueducto de Les Fonts de la Sala y el Acueducto de Pont d'Arc alimentaban la ciudad con agua del río Francolí. En Mérida, el Aqueducto de los Mil Puentes (o de San Lázaro) transportaba agua desde el río Alcantarilla. La fundación y urbanización de ciudades fue otro pilar fundamental. Roma no se limitó a tomar las ciudades ibéricas existentes, sino que creó núcleos urbanos con la clásica cuadrícula romana: el cardo (eje norte-sur) y el decumanus (eje este-oeste). Ciudades como Caesaraugusta (Zaragoza), Tarraco (Tarragona), Emerita Augusta (Mérida), Hispania Augusta (Cartagena) y Augusta Emerita se convirtieron en centros administrativos, comerciales y culturales de primer orden. Mérida fue incluso capital de la provincia de Lusitania. El teatro y el anfiteatro romano son testigos del poder cultural de Roma en Hispania. El Teatro Romano de Mérida, con capacidad para unos 14.000 espectadores, es uno de los mejor conservados del mundo y sigue albergando el Festival Internacional de Teatro Clásico cada verano. En Tarragona, el Anfiteatro albergaba luchas de gladiadores para unas 35.000 personas. En Cartagena, el teatro y la necrópolis romana aún son visitables. La introducción del latín como lengua administrativa, comercial y cotidiana es quizás el legado más profundo. A partir del siglo I a.C., el latín fue imponiéndose sobre las lenguas prerromanas (celta, ibérica, vascona) y dio origen al español, al catalán, al galego y al portugués. La Lengua del Oso, encontrada en Botorrita (Zaragoza), es uno de los primeros testimonios del latín vulgar en la península. Los romanos también transformaron la agricultura y la economía de Hispania. Introdujeron o perfeccionaron el cultivo intensivo de la vid y el olivo, convirtiendo a España en uno de los principales proveedores de aceite de oliva y vino para Roma. La mina de Las Médulas, en León, es la prueba más espectacular de la minería romana: explotaron la montaña de oro mediante un sistema de ruina montium (destrucción controlada de montañas con agua), dejando un paisaje lunar que aún se puede visitar. El derecho romano impuso un marco legal común en toda Hispania. La Ley de la Rueda de Colóstomo o el ius Latii (otorgamiento de ciudadanía romana a los habitantes de Hispania) fueron hitos fundamentales. En el 212 d.C., el Edito de Caracalla concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio, incluyendo a los hispanos, lo que unificó jurídicamente a toda la península. Los baños termales fueron otro elemento cotidiano de la romanización. En Tarragona se conservan las Termas Subterráneas y las Termas del Foro, con sus salas de caldarium (agua caliente), tepidarium (agua tibia) y frigidarium (agua fría). Estos complejos no solo tenían función higiénica, sino social: eran espacios de reunión, negocio y conversación. Finalmente, la difusión del cristianismo tuvo en Hispania un desarrollo extraordinario. El Sínodo de Elvira (Granada), celebrado hacia el año 305 d.C., es uno de los más antiguos concilios cristianos documentados. Hispania albergó a figuras como Santo Torcuato, San Pedro Nolasco y, sobre todo, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, aunque estos ya son de época posterior, el sustrato cristiano romano es innegable.
El Teatro Romano de Mérida, construido en el año 16 a.C., sigue en uso activo con el Festival de Teatro Clásico desde 1978.
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