Consejos para el golpe de calor: prevención, síntomas y primeros auxilios
El golpe de calor es una de las emergencias médicas más graves relacionadas con el calor extremo. Ocurre cuando el cuerpo supera su capacidad para regular la temperatura interna y esta se eleva por encima de los 40 °C, afectando al sistema nervioso central. A diferencia del simple agotamiento por calor, el golpe de calor puede provocar daño orgánico irreversible en minutos, por lo que conocer qué hacer es vital para salvar vidas.
Los síntomas clave que debes identificar incluyen: temperatura corporal superior a 40 °C, piel enrojecida, caliente y seca (o sudoración intensa en casos de golpe de calor por esfuerzo), confusión, desorientación, alucinaciones, pérdida de conciencia, pulso rápido y fuerte, náuseas, vómitos, convulsiones y, en fase avanzada, coma. Si una persona presenta alteración del estado mental combinada con hipertermia, hay que asumir golpe de calor y actuar de inmediato.
Primer paso inmediato: bajar la temperatura. Lleva a la persona a un lugar fresco y sombreado o a un espacio con aire acondicionado. Retírale la ropa sobrante. Aplica compresas de hielo en las zonas con mayor flujo vascular: axilas, ingles, nuca y laterales del cuello. Si es posible, rocía agua tibia sobre la piel y abaniqua para favorecer la evaporación. Puedes usar paños húmedos o bolsas de gel frío envueltas en tela.
Segundo paso: hidratación con precaución. Si la persona está consciente y puede tragar, ofrece pequeñas cantidades de agua fría o una bebida isotónica (suero oral). No fuerces líquidos si está somnolienta, confundida o vomitando, ya que existe riesgo de broncoaspiración. Nunca administres alcohol, cafeína ni bebidas muy azucaradas.
Tercer paso: llamar a emergencias. El golpe de calor es una urgencia médica. Llama al 112 (o al número de emergencias de tu país) de forma inmediata, incluso si la persona parece mejorar. El daño cerebral y multiorgánico puede seguir progresando aunque la temperatura empiece a descender. Mientras llega la ambulancia, vigila la respiración y la frecuencia cardíaca.
Prevención: hidratación proactiva. Bebe agua de forma regular (al menos 2 litros diarios en verano), no esperes a tener sed. En jornadas de calor intenso o actividad física al aire libre, conviene beber un vaso de agua cada 15-20 minutos. Las bebidas con electrolitos son útiles si se sudora mucho durante más de una hora.
Prevención: horario y vestimenta. Evita la exposición solar entre las 12:00 y las 17:00, franja de máxima radiación. Viste con ropa ligera, de colores claros y tejidos transpirables (algodón, lino). Usa gorra o sombrero de ala ancha, gafas de sol y protector solar SPF 50. Si trabajas al aire libre, exige pausas frecuentes en la sombra.
Prevención: aclimatación progresiva. El cuerpo tarda entre 10 y 14 días en adaptarse al calor. Si eres deportista, trabajador de exterior o vas a viajar a un destino cálido, aumenta la intensidad de la actividad gradualmente durante los primeros días para que el sistema termorregulador se adapte.
Existen grupos de riesgo especial que deben extremar las precauciones: personas mayores de 65 años (su termorregulación es menos eficiente), niños menores de 4 años, embarazadas, personas con enfermedades cardiovasculares o renales, quienes toman diuréticos, anticolinérgicos o antidepresivos, y trabajadores de exteriores. En estos casos, la vigilancia debe ser aún más estricta.
Nunca dejes a niños ni mascotas en un vehículo estacionado al sol: la temperatura interior puede superar los 50 °C en menos de 10 minutos.
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