La maracuyá es una planta trepadora de clima cálido que encuentra en varias regiones de España condiciones idóneas para su cultivo, especialmente en las zonas costeras del sur y sureste, como Andalucía, Murcia, Valencia, Cataluña y las Islas Baleares. Para lograr un éxito óptimo, es fundamental elegir una variedad adaptada a las heladas que puedan presentarse, ya que la planta es muy sensible a temperaturas por debajo de los 5 grados centígrados, muriendo rápidamente si sufre un golpe de frío intenso. El mejor momento para sembrar es en primavera, una vez pasadas las últimas heladas, para que la planta tenga todo el verano y otoño para desarrollarse y producir frutos. Puedes iniciar el cultivo desde semillas, germinándolas previamente en maceta o bandeja en un lugar cálido y húmedo, o bien adquirir plántulas jóvenes de vivero, que ofrecen mayor garantía de supervivencia y crecimiento rápido. Al momento de trasplantar al huerto, prepara un hoyo amplio y profundo, añadiendo abundante materia orgánica como compost o estiércol bien maduro, ya que la maracuyá es una planta exigente en nutrientes. El suelo debe ser profundo, bien drenado y ligeramente ácido a neutro, evitando encharcamientos que pudran las raíces. Coloca la planta con cuidado y asegura un buen contacto entre la tierra y las raíces, regando abundantemente después de la plantación.
El tutoraje es el elemento más crítico para el cultivo de la maracuyá en España, dado que es una liana que puede superar los 5 o 6 metros de largo. Necesitarás instalar un tutor robusto, ya sea un pérgola, alambre de malla en altura o un poste central con alambres tensados, para que la planta pueda trepar y recibir la máxima exposición solar. La maracuyá florece y fructifica principalmente en la parte nueva del vástago, por lo que es imprescindible realizar una poda de formación anual. Esto implica cortar las ramas viejas (de más de un año) a ras de suelo o dejando solo dos o tres yemas, para estimular el crecimiento de brotes jóvenes que serán los productivos. Durante el verano, en pleno apogeo del calor ibérico, el riego debe ser frecuente, idealmente por goteo para mantener la humedad constante sin empapar el follaje y evitar hongos. Aporta fertilizante orgánico o mineral equilibrado de forma quincenal durante la época de crecimiento activo. Protege las primeras semanas con un paño de sombra si las temperaturas superan los 35 grados, ya que el estrés térmico puede causar aborto floral. La polinización natural por insectos es eficiente, pero en días de mucho viento o con poca actividad de abejas, la polinización manual a primera hora de la mañana garantiza una mayor cuajada de frutos.
Con las condiciones adecuadas de clima, suelo y tutoraje, la maracuyá puede ser un cultivo rentable y gratificante en los huertos españoles del sur y este. La clave reside en la protección contra el frío invernal y en la gestión rigurosa de la poda y el riego durante el verano para maximizar la producción.