Cómo sembrar bambú: guía práctica para cultivarlo en casa
El bambú es la planta de crecimiento más rápido del mundo. Hablamos de una gramínea con más de 1.000 especies repartidas entre Asia tropical, el continente americano (un 50% del total) y otras regiones del planeta. Sus cañas huecas y lignificadas pueden superar los 25 metros de altura, e incluso existen variedades gigantes que rebasan los 30 metros en condiciones óptimas. Bajo circunstancias ideales, algunas especies son capaces de estirar hasta 90 centímetros en un solo día.
También se le conoce como el árbol paciente, y no es casualidad. Al sembrarlo por semillas, la planta puede pasar años sin germinar de forma visible. De repente, tras 7 u 8 años dormida, explota y alcanza alturas descomunales en apenas unos meses, porque todo ese tiempo lo ha dedicado a preparar su sistema radicular.
Antes de meter las manos en la tierra, conviene clasificar qué tipo de bambú vas a cultivar. No es lo mismo un rizoma rastrero que un rizoma en mata. La elección condiciona toda la planificación del jardín.
| Tipo de rizoma | Comportamiento | Ideal para |
|---|---|---|
| Leptomorfo (rastrero) | Expande rizomas horizontales de forma agresiva, puede invadir zonas extensas si no se controla | Pantallas de privacidad, cortavientos, setos densos, ocultaciones grandes |
| Paquimorfo (cespitoso) | Crece en matas compactas, se expande lentamente en un círculo ordenado | Espacios pequeños, macetas, jardines urbanos |
| Enano y compacto | Variedades cortas de crecimiento controlado | Rocallas, jardines de hadas, decoración interior |
Ojo con el llamado bambú de la suerte (Dracaena sanderiana). Muy popular en decoración de interiores, se vende como bambú, pero pertenece a una familia botánica completamente distinta y sus cuidados difieren bastante. Si lo que buscas es un bambú real para exterior, esta opción no te sirve.
En cuanto al clima, la mayoría de variedades prefieren entornos tropicales. El bambú tolera el frío y hasta heladas moderadas, con inviernos de alrededor de -10 °C. Lo que no maneja bien es el calor excesivo: por encima de los 26 °C empieza a sufrir. Los tropicales se mueven entre 18 °C y 30 °C, los templados resisten de 10 °C a 27 °C, y las especies rústicas aguantan incluso bajo cero.
La luminosidad es clave. Casi todos los bambúes necesitan un mínimo de 8 horas de sol al día. Dicho esto, la mayoría prefiere luz brillante filtrada y sufre con el sol directo del mediodía, sobre todo en climas cálidos. En etapa juvenil, colócalo en un lugar sombreado y, tras unos meses, pasa a pleno sol. En interior, cerca de una ventana con luz tamizada, lejos de corrientes de aire y radiadores.
El momento de plantación genera debate entre jardineros. Una corriente recomienda sembrar en primavera, evitando periodos muy fríos o de calor extremo; en zonas frías, antes de la llegada del otoño para que endurezca antes de las heladas; en zonas cálidas (más de 38 °C), entrada la primavera o en otoño. Otra corriente, en cambio, defiende plantar al final del verano o durante el otoño, porque el suelo está calentado, favorece la recuperación radicular y evita dañar los brotes jóvenes que la mayoría de bambúes emite en primavera. En cualquier caso, la regla es clara: temperatura templada, sin heladas intensas ni sequía excesiva.
El suelo importa mucho. El bambú se adapta a una gran variedad de terrenos, siempre que tengan buen drenaje, porque sus raíces son muy sensibles al agua estancada. Evita suelos pedregosos, pastosos o impermeables. Prefiere suelos margosos, húmedos, bien drenados y con alto nivel de fertilidad, formados por arcilla, limo y arena con abundante humus. El pH ideal oscila entre 5,5 y 6,5. Si está por debajo, añade cal; si excede, mezcla la tierra con turba.
“pH ideal del suelo para bambú: entre 5,5 y 6,5. Bajo ese rango, añade cal; por encima, mezcla con turba.”
Dato clave