La plantación del kiwi es un proyecto agrícola fascinante que requiere paciencia, pero ofrece una recompensa deliciosa. Antes de comenzar, debes entender que la mayoría de las variedades modernas son diploides, lo que significa que necesitas plantar al menos dos plantas: una planta macho para la polinización y varias plantas hembra para la producción de frutos. La elección del suelo es crítica; el kiwi prefiere un suelo franco, profundo y bien drenado, con un pH ligeramente ácido, idealmente entre 5,5 y 6,5. Si tu tierra es arcillosa, debes mejorarla con materia orgánica como compost maduro para evitar el encharcamiento, que es la principal causa de muerte de las raíces. El lugar elegido debe recibir luz solar directa durante al menos seis horas diarias, aunque en climas muy cálidos se aprecia algo de sombra en las horas centrales del día para proteger las hojas del estrés térmico. Es fundamental realizar una excavación amplia, de al menos 60 por 60 centímetros, para aflojar el suelo profundo y permitir que las raíces crezcan sin obstáculos. Al plantar, asegúrate de que la cicatriz de injerto, si es una planta injertada, quede por encima del nivel del suelo para evitar pudriciones.
La estructura de soporte es el pilar del cultivo del kiwi, ya que no es un arbusto sino una enredadera perenne de gran vigor. Debes instalar un sistema de postes y alambres resistentes antes o durante la plantación, conocido como sistema Tatura, que consiste en dos hileras de alambre a diferentes alturas donde las ramas se extienden horizontalmente. Este método maximiza la exposición a la luz y facilita la cosecha. El riego debe ser constante pero controlado; el kiwi es muy exigente en agua, especialmente durante la floración y cuajado del fruto, pero odia los suelos encharcados. Se recomienda un sistema de riego por goteo para mantener la humedad uniforme sin saturar la superficie. La fertilización debe ser equilibrada, rica en nitrógeno al inicio de la primavera para el crecimiento vegetativo y en potasio durante el verano para el desarrollo del fruto. El poda es otro aspecto clave: se realiza principalmente en invierno, cuando la planta está en reposo, eliminando las ramas viejas y dejando un sistema de ramas productivas jovenes. Recuerda que el kiwi es una planta decídua, por lo que perderá sus hojas en otoño-invierno, lo cual es un proceso natural y no indica que esté enferma.
Cultivar kiwi en casa es un proceso que combina la jardinería técnica con la observación paciente de la naturaleza. Siguiendo estos pasos sobre suelo, soporte y riego, tendrás las bases para disfrutar de una cosecha propia en unos tres o cuatro años.