Cómo plantar hijuelos de cica: guía práctica para propagar la Cycas revoluta
La cica (Cycas revoluta) es una gimnosperma originaria del sur de Japón, emparentada con las coníferas y no con las verdaderas palmeras. Lleva más de 300 millones de años de historia evolutiva a sus espaldas, lo que la convierte en un auténtico fósil viviente. Su pseudotallo cilíndrico, recubierto por cicatrices de hojas antiguas, suele medir entre uno y dos metros en cultivo, y su corona de hojas pinnadas, rígidas y puntiagudas de entre 80 y 150 cm, aparece una sola vez al año.
Un dato que conviene tener presente: la cica es muy tóxica para personas y animales por su contenido en cicasina. Manipúlala siempre con guantes y mantenla fuera del alcance de niños y mascotas. Es una planta dioica, de crecimiento extremadamente lento y longevidad extraordinaria, capaz de superar los 200 o incluso 300 años en condiciones óptimas.
La reproducción por hijuelos es, con diferencia, el método más sencillo y rápido de conseguir nuevas plantas. Los retoños brotan en la base del pseudotallo y también, en ejemplares adultos, a lo largo de la parte media del tronco, dando lugar a ejemplares idénticos a la madre. Dado que la gran mayoría de las cicas del mundo proceden de hijuelos retirados de la planta madre, casi todos los vástagos serán plantas hembras.
La mejor época para separar un hijuelo es la primavera. Las temperaturas se suavizan, la planta inicia su temporada de crecimiento y los tejidos están más activos. El riesgo de daño tanto para la madre como para el retoño es menor, y el hijuelo dispone de toda la estación favorable para formar raíces y emitir hojas antes del invierno. El verano también es una ventana aceptable, aunque la primavera es claramente preferible.
Antes de cortar, hay que descubrir con cuidado la zona de unión y comprobar si el hijuelo dispone de raíces fibrosas. Un hijuelo puede tener pocas raíces o directamente ninguna. Esta inspección previa permite conservar todas las raíces existentes, base de un enraizamiento rápido, y evita sorpresas tras la extracción.
Conviene ser paciente y dejar el hijuelo el mayor tiempo posible pegado a la madre. Los cultivadores con años de trayectoria coinciden: los hijuelos crecen más y mejor mientras permanecen unidos a la planta de origen. Es aconsejable cortarlos lo más grandes que se pueda; la pérdida de ejemplares es mucho mayor cuando se extraen muy pequeños. Como referencia práctica, se recomiendan hijuelos basales sanos de unos 5 cm de diámetro, valorando siempre el estado del vástago y la naturaleza del punto de unión con el tronco.
Para la extracción se emplea un cuchillo, espátula agrícola afilada o azada limpios, desinfectados antes y después del corte, trabajando con guantes por la toxicidad. El corte debe ser limpio y preferiblemente de un solo golpe, posicionando la herramienta en la base del hijuelo y, si es necesario, dando el golpe con un martillo para separar el vástago sin dañar a la madre. No uses sierra, porque los cortes deshilachados cicatrizan peor y son puerta de entrada para hongos.
Inmediatamente después de la separación hay que curar las heridas, tanto la de la planta madre como la del hijuelo, con un sellador de cortes, azufre en polvo, sulfato de cobre u otro fungicida. Este paso es esencial para evitar que entre humedad y hongos en el tejido expuesto, principal causa de pudrición en esquejes basales de cica.
Tras el corte, el hijuelo debe cicatrizar. Déjalo secar en una zona fresca y seca durante uno a dos semanas, o al menos varios días, para que la herida cierre bien antes de plantarlo. Esta cicatrización previa es la garantía de que la base no se pudrirá en cuanto contacte con el sustrato húmedo.
Antes de sembrar, retira la mayoría de las hojas del hijuelo, dejando la corona despejada. Esta operación reduce la pérdida de agua por transpiración mientras el vástago aún no tiene raíces y concentra la energía en la emisión de raíces y del nuevo brote.
“Deja cicatrizar el hijuelo 1-2 semanas en zona seca antes de plantarlo, sella cada corte con fungicida”
Dato clave