Cómo plantar guisantes en tu huerto: todo lo que necesitas saber
El guisante, Pisum sativum, es una de esas leguminosas que todo huerto debería tener. Chícharo, arveja, como lo llames, es un cultivo agradecido: crece rápido, no exige calor extremo y, además, enriquece la tierra mientras se cosecha. Pertenece a la familia de las Fabáceas, emparentado con habas y judías, y su simbiosis con bacterias rizobias le permite fijar nitrógeno atmosférico en nódulos radiculares. Eso significa que donde antes hubo guisantes, después prosperan coles, calabacines o tomates.
Nutricionalmente es una joya. Con apenas 150 gramos de guisantes cubres dos tercios de la vitamina C y K diarias, y rozas el 10% de la vitamina A. Aporta proteínas vegetales, fibra, magnesio, potasio, zinc y fósforo con un aporte calórico bajo. Una razón más para llenar el surco.
Clima: el guisante odia el calor. Germina desde los 5 °C, su óptimo ronda los 16–20 °C, y las plantas jóvenes aguantan unos –5 °C. Por debajo de 3–4 grados bajo cero, se hiela. Por encima de 25 °C la floración se estropea, y con más de 35 °C la planta sufre de lo lindo. La cosecha tiene que llegar antes del apretón veraniego: a los 60–80 días en siembras primaverales, y entre 4 y 5 meses en las de otoño.
Ubicación ideal: sol directo, al menos seis horas diarias. La exposición solar da vigor y reduce la humedad sobre hojas y tallos, lo que aleja hongos. Las variedades de semilla arrugada toleran algo de sombra ligera, pero en general el guisante quiere luz.
El suelo debe ser suelto, profundo, bien drenado y rico en materia orgánica. Limoso y mullido es perfecto, con un pH entre 6 y 7 (óptimo 6–6,8). Evita tierras compactas, muy arcillosas o encharcadas: la humedad excesiva pudre la semilla y abre la puerta a hongos. En suelos calizos aparecen clorosis y granos duros; en suelos ácidos por debajo de pH 6 los nódulos funcionan mal y conviene encalar antes de sembrar.
La siembra va directa al terreno definitivo, sin semillero, porque el trasplante estresa la raíz. Entierra la semilla a 3–5 cm: si se queda muy superficial, se seca o se la comen los pájaros; si pasa de 5–6 cm, tarda en salir o no emerge. La separación entre semillas es de 5 a 8 cm, y entre líneas de 30 a 50 cm en variedades bajas, de 80 a 100 cm en las de enrame.
Una opción práctica muy recomendable es la línea doble: dos surcos separados 15–20 cm con el tutor en medio. Mejora la ventilación y facilita la cosecha. También funciona sembrar "a golpes", con hoyos de 4–5 semillas separados 30–50 cm entre sí.
Antes de meter la semilla, muelle el suelo con horca, azada o motoazada, retira piedras y raíces viejas, y aporta compost maduro o humus de lombriz en cantidad moderada. Nada de abonos frescos ni excesos de nitrógeno. Remojar la semilla 6–12 horas en agua templada acelera la germinación si el suelo está seco, pero en suelo frío y húmedo es mejor sembrar sin remojar. Nunca la dejes demasiado tiempo en agua, que se asfixia.
Colocas la semilla, cubres, aprietas suavemente para asegurar contacto semilla-suelo y riegas solo si la tierra está seca. Con el suelo entre 10 y 20 °C, las plántulas asoman en 7–20 días.
“Con 150 g de guisantes cubres 2/3 de la vitamina C y K diarias”
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