Cómo hacer punto bajo en crochet: la guía definitiva para principiantes
El punto bajo es la piedra angular del crochet, ese primer nudo que se convierte en tejido y que abre la puerta a todo lo demás. También llamado medio punto, punto raso, punto prieto, punto seco o crochet simple, es el punto más pequeño y compacto del ganchillo. En inglés lo encontrarás como single crochet (sc) en Estados Unidos y como double crochet (dc) en Gran Bretaña, así que si sigues patrones internacionales, ya sabes a qué te refieres.
A diferencia del tejido a dos agujas, el crochet se trabaja con una sola aguja de gancho y un hilo, creando lazos y nudos que van formando la tela. Esa única aguja hace que el punto bajo sea la primera puntada imprescindible: es la más usada en la construcción de patrones junto con la vareta o punto alto, y su dominio es el primer paso que cualquier persona que empieza a tejer debe dar.
Antes de coger la aguja, conviene reunir los materiales adecuados. Un hilo de grosor medio, idealmente en grosor DK o Sport, funciona muy bien para aprender sin frustrarse. La aguja de crochet debe ir acorde al grosor del hilo, por ejemplo entre 4 y 7 mm. Además necesitas tijeras, aguja lanera para rematar hilos sueltos y, muy recomendado al principio, marcadores de puntos. Para quienes son muy principiantes, se aconseja un hilo de color claro y liso: permite ver bien la estructura de los puntos y facilita identificar dónde introducir la aguja, algo mucho más difícil con tonos oscuros como el negro.
El paso a paso clásico del punto bajo arranca con un nudo corredizo o nudo de inicio. A partir de ese nudo se teje una cadeneta de base, la fila sobre la que vas a trabajar. Se inserta el ganchillo en la segunda cadena contando desde la aguja, porque la primera cadena hace la función de la altura de la fila, actúa como el punto bajo vertical que se forma al tejer.
Con un bucle en la aguja, se introduce el ganchillo en el punto siguiente de la base, se toma hebra (se hace la lazada) y se saca, quedando así dos bucles en la aguja. Se toma hebra de nuevo y se pasa por los dos bucles a la vez, de modo que queda un solo bucle. Ese es un punto bajo completo. Repites el gesto cadena tras cadena, y ya tienes una hilera.
En los patrones gráficos el punto bajo se representa habitualmente con un signo más (+), con una equis (x) o, en diagramas menos detallados, con una línea vertical. Cada hilera o vuelta de punto bajo comienza con una cadena de subida, cuya altura equivale a la del propio punto bajo, lo que permite continuar el tejido de forma pareja y con bordes rectos.
Dentro de la escala de alturas de los puntos básicos, el punto bajo ocupa el nivel 1. Lo puedes ver así:
| Punto | Altura | Uso típico |
|---|---|---|
| Punto deslizado | 0 | Unir piezas y remates |
| Punto bajo | 1 | Amigurumis, bolsos, prendas tupidas |
| Medio punto alto | 2 | Cuellos, mantas, gorros |
| Punto alto (vareta) | 3 | Ropa ligera, chales |
| Doble y triple punto alto | 4-5 | Detalles decorativos, tejidos calados |
El punto bajo produce un tejido denso, tupido y resistente, sin huecos. Por eso es el punto por excelencia para amigurumis y el más usado en trapillo. También es ideal para bolsos, cestas, posavasos, calzado, medias, calcetines, mantas y cualquier prenda que requiera una textura bien cerrada. Se le compara con el punto jersey de dos agujas, aunque queda algo más tupido que este, lo que lo hace perfecto cuando necesitas solidez.
Antes de lanzarte a un proyecto grande, conviene practicar cada punto por separado, hacer pequeñas muestras para dominar la tensión y la forma del nudo, y apoyarte en vídeos o gráficos si aprendes mejor de forma visual. Una vez dominado el punto bajo, un buen primer proyecto real es un posavasos de crochet tejido íntegramente con esta puntada, que puede terminarse en una tarde y te da la satisfacción de ver el resultado completo.
La clave está en no obsesionarse con la perfección desde el principio. El crochet es un oficio artesanal que se construye con repetición, con horas de práctica donde los dedos van aprendiendo a tensar el hilo, a girar la muñeca, a reconocer el punto por la textura. Al principio todo parece torpe, y eso es completamente normal.
El error más habitual de las principiantes es tensar demasiado los puntos. Al querer hacerlo todo bien y con las manos no acostumbradas, los puntos quedan excesivamente apretados, el tejido se deforma y terminan dolendo las manos. La solución es tener paciencia, no exigir la perfección desde el principio y practicar mucho. Los primeros proyectos van a quedar irregulares, y eso está bien, porque forman parte del aprendizaje.
Otro fallo muy común es saltarse puntos sin darse cuenta, sobre todo al final de una vuelta, lo que hace que el tejido se estreche poco a poco y el proyecto no quede de la medida deseada. La solución es contar los puntos al final de cada vuelta para asegurar que siempre hay el mismo número. Al principio parece tedioso, pero se convierte en un hábito rápido y ahorra muchos disgustos a largo plazo.
“El punto bajo base permite empezar sin cadenetas de inicio: ideal para tiras y para contar puntos al principio de la labor.”
Dato clave