Punto trigo a dos agujas: la textura de grano que enamora a los tejedores
El punto trigo es una de las puntadas más apreciadas dentro del tejido a dos agujas por su facilidad de ejecución y por el acabado en relieve que produce. Se construye únicamente combinando punto derecho y punto revés, lo que lo convierte en la opción ideal para quienes se están iniciando en la técnica de las dos agujas y quieren un resultado vistoso sin dominar técnicas avanzadas como los cables, los calados o el uso de aguja auxiliar. Su textura granulada y su aspecto de espiga o de granos de trigo le dan nombre, y es una variante estrechamente emparentada con el punto arroz, del que se distingue por el ritmo de alternancia entre las vueltas.
Una de las grandes ventajas de este punto es que es reversible: ambas caras del tejido presentan un aspecto terminado y equilibrado, lo que lo convierte en una elección perfecta para piezas que no tienen un lado interior definido. Hablamos de bufandas, cuellos, mantas, cojines, paneles decorativos... cualquier labor donde la cara visible sea la misma por ambos lados. Además, al tratarse de una combinación de puntos básicos, el tejido no tiende a enrollarse en los bordes tanto como el punto de media jersey, lo que facilita enormemente el bloqueo y el acabado final de las labores.
El punto trigo se adapta a cualquier número de puntos, algo poco habitual en los puntos de relieve. Existen versiones que se trabajan sobre monturas pares y versiones que se trabajan sobre monturas impares, y esta flexibilidad permite incorporarlo a patrones existentes sin tener que recalcular la cantidad de puntos que se han montado. Es uno de los pocos puntos de tricot que puede adaptarse a cualquier número de puntos sobre las agujas, sea cual sea el ancho del proyecto. Esto es un alivio enorme cuando quieres aplicar esta textura a un diseño que ya tienes en mente.
Para comenzar, lo habitual es montar un número de puntos múltiplo de 2 más 1 punto adicional, y opcionalmente dos puntos de orillo o de borde si se desea un acabado limpio en los laterales. En la versión impar basta con montar cualquier número impar de puntos, ya que la alternancia natural de derecho y revés hace que el dibujo se desplace solo en cada vuelta. Los materiales necesarios son lana de buena calidad y agujas del grosor adecuado para el hilo elegido, no se requieren herramientas especiales.
En la versión clásica, la primera vuelta se teje alternando un punto del derecho seguido de un punto del revés hasta el final de la vuelta. Esta primera pasada establece el damero base sobre el que se construirá toda la textura, y es la única vuelta en la que hay que contar los puntos uno a uno si se empieza desde cero. Con práctica, el ritmo se vuelve automático y no necesitas mirar el patrón constantemente.
La segunda vuelta se teje los puntos tal como se presentan: donde vemos un punto derecho hacemos un punto derecho, y donde vemos un punto revés hacemos un punto revés. Esta consigna de "tejer como se presentan" es la clave del punto trigo, porque obliga al tejedor a leer el tejido y a respetar la cara que aparece en la aguja, generando así el relieve característico.
La tercera vuelta repite la misma lógica de la segunda: los puntos derechos se tejen en derecho y los puntos revés se tejen en revés. Al mantener dos vueltas consecutivas sin invertir la lectura, los granos de la textura ganan cuerpo y se forma el pequeño relieve que da nombre al punto. Aquí la superficie empieza a tomar volumen de forma visible.
En la cuarta vuelta, según la versión extendida o "grande" del punto trigo, se teje toda la vuelta al derecho. Esta pasada lisa actúa como contrapunto del relieve y es la que provoca que la textura se agrupe en pequeños bloques, creando el efecto de grano de trigo en lugar del aspecto más fino del punto arroz tradicional.
La quinta vuelta invierte la lectura acumulada: donde en las tres primeras vueltas veíamos un punto revés hacemos un punto derecho, y donde veíamos un punto derecho hacemos un punto revés. Este cruce es el momento más importante del ciclo, porque es el que desplaza el dibujo y evita que el tejido quede plano. Si te saltas esta vuelta, el resultado pierde todo el relieve.
Las vueltas sexta y séptima vuelven a tejer los puntos como se presentan, derecho sobre derecho y revés sobre revés, consolidando el nuevo damero. Con esto el ciclo completo se cierra en siete vueltas, y basta con repetir de la primera a la séptima hasta alcanzar la largura deseada de la labor.
“Se adapta a cualquier número de puntos (pares, impares o múltiplos), sin recalcular la montura del proyecto.”
Dato clave