El punto simple, también conocido como puntos separados o puntos sueltos, es la técnica de sutura más básica, versátil y utilizada en el ámbito médico. Su principal ventaja reside en que cada punto se anuda de forma independiente, lo que permite al profesional ajustar la tensión de manera individual y retirar cualquier hilo sin comprometer el resto de la herida.
Este método es ideal para cerrar heridas lineales, tanto en cirugía electiva como en la sutura de lesiones traumáticas en urgencias. Aunque parece sencilla, su correcta ejecución requiere precisión para evitar necrosis por estrangulación o dehiscencia (apertura de la herida). La técnica se basa en atravesar el tejido desde un lado de la incisión hasta el otro, dejando una distancia uniforme entre la superficie de la piel y la aguja. Es crucial que el espacio entre los bordes del corte quede ligeramente colapsado para permitir una cicatrización estética mínima.
Para realizar esta técnica correctamente, se debe comenzar con una preparación adecuada del campo estéril y la selección del material apropiado: aguja (recta o curva), hilo de sutura (absorbible o no absorbible) y portaagujas.
El proceso inicia sujetando el portaagujas con la mano dominante, insertando la aguja a través del borde de la herida en un ángulo de 90 grados respecto a la piel. Se avanza hasta que la punta asome por el lado opuesto. A continuación, se retira la aguja y se sujeta los extremos del hilo con pinzas o dedos. La clave está en dar una volante única o doble nudo seguro (según el protocolo de la institución) para fijar la tensión. No se debe tirar con fuerza excesiva; basta con que los bordes queden unidos. Este proceso se repite a intervalos regulares (generalmente entre 5 y 8 milímetros, dependiendo del grosor del hilo y la tensión del tejido), manteniendo una simetría visual para garantizar un cierre homogéneo.
Dominar el punto simple es un requisito indispensable para cualquier profesional de la salud que intervenga en el cierre de heridas. La práctica constante en modelos de entrenamiento es fundamental para desarrollar la motricidad fina necesaria y minimizar complicaciones postoperatorias como infecciones o cicatrices queloides.