Cómo hacer punto ruso: guía completa de la aguja mágica
El punto ruso, también llamado bordado ruso, punch needle, aguja mágica, bordado en relieve, bordado chino o bordado 3D, es una técnica de bordado que permite crear diseños tridimensionales con relieve y textura sobre prácticamente cualquier tejido. Se trata de una técnica sencilla, rápida y divertida que se ha convertido en una de las herramientas más en alza en el mundo del bordado gracias a su facilidad de uso y al hermoso efecto volumétrico que genera con apenas algunas puntadas.
Originalmente se empleaba en la confección de alfombras, pero cada día son más los diseñadores que experimentan con este método de costura decorativa para crear moda, tapices, cuadros, cojines, mantas y ropa. El resultado son productos muy suaves, con cuerpo, creativos y modernos. Su principal característica es que permite plasmar dibujos, siluetas y figuras con un relieve muy pronunciado.
Los puntos, similares a bucles, son los que dibujan el patrón de la pieza, y se pueden combinar diferentes colores y texturas para dar lugar a paisajes, motivos abstractos, geométricos o dibujos personalizados. Es una técnica muy versátil que no exige años de práctica para obtener resultados vistosos.
Para realizar punto ruso se necesitan los siguientes materiales:
- Hilo de puntada rusa (hilo de bordar, hilo de ganchillo para telas más delgadas, o lana para telas más gruesas)
- La pieza a bordar
- Tijeras comunes
- La aguja mágica (punch needle)
- Papel carbón o de calco
- Aro o bastidor de bordado
- Lápiz
- Un cepillo común
- Termolina lechosa para fijar el reverso
- Enhebrador específico para la aguja mágica (muy recomendable)
La tela ideal para esta técnica es el yute, la loneta, el lino o las telas aida, aunque también se puede usar algodón, camisetas e incluso mezclilla. Hay que tener en cuenta que la tela quedará cubierta por los bucles y no se verá en la mayoría de los diseños. El bastidor es fundamental: los más utilizados son los bastidores suizos, compuestos por un par de anillos de tamaño distinto y un mecanismo (tornillo o ruedita) que impide que la tela se mueva.
La tela debe estar muy tensa, y es importante ir tensándola conforme se borda, ya que lo habitual es que se vaya destensando. Un bastidor bien ajustado marca una enorme diferencia en la calidad del trabajo final.
El primer paso es calcar o transferir el diseño a la tela. Se puede dibujar directamente sobre ella con un rotulador permanente (por ejemplo un rotulador pigma que no se borra), imprimir el diseño y transferirlo con papel de calco, o usar una caja de luz para calcar patrones. Si se transfiere una letra, conviene transferirla invertida y en el reverso de la tela, de modo que en el lado derecho la letra quede correcta y el bordado salga bien.
Enhebrar la aguja mágica es un paso clave. Se introduce el enhebrador dentro de la aguja, se pasa el hilo por el aro del enhebrador y se estira desde la parte inferior hasta que el hilo salga por el ojo de la aguja. Después hay que atravesar el pequeño bisel de la parte inferior de la aguja con la propia punta de la aguja, y el hilo quedará listo para trabajar.
Para cambiar la aguja se quita la tapa trasera, se gira la ruedita y se tira hacia atrás; para colocar la nueva se introduce la pieza y se gira la ruedita de nuevo. Este mecanismo permite cambiar entre distintos grosores de aguja sin desmontar todo el utensilio.
La longitud de la aguja determina el largo del bucle del bordado: se puede dejar, por ejemplo, un centímetro y medio, más larga o más corta según el efecto deseado. Si se deja muy larga se gastará bastante hilo, pues este bordado consume mucho material. El grosor de la aguja debe ser acorde al grosor del hilo: una aguja muy fina funciona para telas delicadas con hilo delgado.
“La aguja mágica consume mucho hilo: un bucle de 1,5 cm de largo duplica el gasto respecto a un bucle corto.”
Dato clave