Punto de orillo paso a paso: bordes limpios en tus tejidos a dos agujas
El punto de orillo es ese detalle que separa un tejido casero de uno con aspecto profesional. Se trata del primer y último punto de cada fila en un tejido a dos agujas, los dos puntos que cierran la labor por cada extremo. Se le llama en singular por costumbre, aunque siempre son dos, uno a cada lado. Y su función no es decorativa, es estructural: forma los bordes laterales del tejido.
Si trabajas el orillo mal, el borde queda irregular, ondulado, con argollas flojas que se ven a leguas. Si lo haces bien, el lateral resulta recto, limpio, homogéneo. Parece que la pieza salió de una fábrica cuando en realidad la tejiste tú con tus manos.
Un buen orillo evita además que la labor se enrolle sobre sí misma, algo muy habitual en punto jersey, y da un aspecto prolijo a piezas que se ven: bufandas, rebecas, mantas, gorros. También sirve como guía para coser, porque al distinguir claramente el punto de orillo de un lado y del otro, puedes alinear dos piezas y pasar la aguja lanera entre ellos, haciendo coincidir orillo con orillo y punto normal con punto normal. La costura queda invisible.
El modo más extendido, el que recomiendan la mayoría de patrones, es el orillo de cadena sencillo. Es el más utilizado, el más recomendable para prendas que van cosidas entre sí, y se ejecuta así:
- Vuelta del derecho: desliza el primer punto del derecho (pásalo a la aguja derecha sin tejer), sigue tejiendo el resto con normalidad y teje el último punto del derecho.
- Vuelta del revés: desliza el primer punto del revés, teje el resto del revés y teje el último punto del revés.
Este esquema se repite en todas las vueltas, estés tejiendo punto derecho o punto revés. La clave está en la primera vuelta, la de los puntos montados: ahí NO se hace punto de orillo, se tejen todos los puntos de forma normal. A partir de la segunda vuelta sí se aplica el deslizamiento.
Los dos puntos de orillo forman parte del total de puntos montados. Si un patrón indica un múltiplo de 3 más 1, tienes que sumar 2 puntos extra al montaje, uno al principio y otro al final de cada vuelta. Si el patrón no lo especifica, teje la muestra de tensión y comprueba si el número cuadra con el dibujo esperado. Si no cuadra, es probable que el patrón no incluya los orillos en su cálculo.
Al usar el orillo de cadena sencillo en piezas que se cosen entre sí, la costura se esconde con facilidad y la unión parece tejida en una sola pieza. Las dos piezas quedan alineadas, la unión no se deforma y la costura desaparece a la vista. Eso es lo que convierte un punto de orillo bien hecho en el seguro de calidad de toda la prenda.
Para calcular puntos en un proyecto sin patrón, teje primero la muestra. Calcula los puntos del dibujo central y añade después los dos de los bordes. La muestra es tu espacio de ensayo y error, el lugar donde pruebas la tensión antes de lanzarte con la pieza entera. Con la práctica, el punto de orillo se convierte en la guía de costura y en el hábito automático que te ahorra disgustos.
Elegir un único tipo de orillo y repetirlo en todos tus proyectos es la manera más sencilla de conseguir que los laterales queden prolijos, rectos y perfectos. No cambies de técnica a mitad de camino, no experimentes a lo loco con cada pieza. Un solo método bien dominado vale más que cinco a medias.
El punto tubular, ese que se emplea en los dedillos de los guantes, es una excepción donde NO se aplica el orillo habitual. Lo mismo ocurre con técnicas específicas de montado y remate tubular, que forman su propio borde y no necesitan el clásico. Cada punto y cada técnica tiene su manera de trabajar los extremos, y la costumbre de hacer siempre el mismo orillo es la que da resultados constantes.
En el punto de arroz el orillo se hace solo en el primer punto de cada vuelta, y el último se teje como corresponda, del revés si toca del revés y del derecho si toca del derecho. En el punto hebra y otros puntos con dibujo propio el funcionamiento es diferente, conviene revisar la técnica concreta de cada uno.
Cuando cambias de ovillo, o cuando tejes en varios colores y empieza la primera vuelta de un color distinto, el primer punto sí debe tejerse en lugar de deslizarse. Son matices pequeños que marcan la diferencia entre un borde pulido y uno que se deshilacha con el uso.
La función real del orillo va más allá de lo estético. Es una herramienta de precisión para la costura, una guía visual que te dice exactamente dónde entra la aguja lanera. Sin ese punto marcado, coser dos piezas a mano se convierte en un acto de fe. Con él, es un proceso mecánico, repetible, predecible.
“Al girar la labor, el hilo debe pasarse SIEMPRE por entre las dos agujas, nunca por un lateral. Este detalle marca la diferencia entre un borde recto y uno con líneas horizontales.”
Dato clave