El punto jazmín es una de las técnicas más populares y versátiles en el mundo del ganchillo, conocido también como punto margarita o punto flor. Su nombre proviene de la simetría perfecta que logra, recordando a los pétalos delicados de esta flor o de la margarita, dependiendo de la tensión con la que se trabaje.
Para comenzar, necesitas dominar las bases: el punto raso bajo (o punto corto) y la malla base. Lo ideal es trabajar con un hilo medio (como mercerizado o acrílico de 4-5 mm) y una aguja de ganchillo que permita un tejido flexible, generalmente entre 2.5 mm y 3.5 mm, aunque esto variará según tu tensión natural al tejer.
La estructura del jazmín se basa en crear una espiral continua que va aumentando de tamaño en cada vuelta, pero manteniendo siempre la misma cantidad de puntos base para no deformar la figura. El secreto de su belleza radica en la tensión uniforme; si tejes muy flojo, la flor se abrirá demasiado y perderá cuerpo; si aprietas de más, quedará dura y difícil de manipular. Se recomienda empezar con una cadena de 5-6 puntos y cerrar en anillo para tener un centro firme.
Una vez formado el centro, el proceso consiste en realizar vueltas sucesivas donde se aumenta la cantidad de puntos de forma estratégica. En la primera vuelta exterior, generalmente se trabaja haciendo dos puntos bajos juntos en cada punto base del anillo inicial, duplicando así el número de puntos para crear los primeros pétalos.
En las siguientes vueltas, la lógica sigue un patrón de expansión: se realizan puntos en las hendiduras o entre los puntos anteriores para darle volumen y redondez a la forma circular. Es crucial contar cada punto con mucha atención, ya que una simple falta puede arruinar la simetría radial de la flor.
Para dar el acabado final característico del jazmín, se suelen realizar las últimas vueltas trabajando sobre los bordes o en las hendiduras superiores, creando ese efecto de pétalos superpuestos y suaves. Algunos tejedores optan por cambiar de color en la última vuelta para resaltar el contorno, logrando un efecto visual muy elegante. Recuerda que al ser una espiral, no se usan puntos de cadenado tradicionales entre vueltas a menos que quieras separar las capas, pero lo habitual es fluir directamente de una vuelta a la siguiente manteniendo la tensión.
Dominar el punto jazmín es la llave para acceder a un universo de proyectos encantadores: mantas, cojines, accesorios infantiles y decoración floral. La práctica constante es fundamental; al principio puede parecer difícil mantener la tensión, pero con cada flor tejerás más rápido y con mayor precisión. No tengas miedo de desmontar si algo se ve torcido; el ganchillo es un arte que premia la paciencia y la observación detallada.