Punto Jacquard: Cómo Tejer con Dos Colores en Dos Agujas
El jacquard es una técnica de tejido en dos agujas que permite combinar dos o más colores dentro de la misma hilera para formar dibujos, guardas y motivos decorativos. Se teje sobre una base de punto jersey, alternando entre un hilo principal y uno o varios secundarios, y los hilos que no están en el frente se van colocando prolijamente por la parte de atrás sin necesidad de cortar la hebra para cambiar de color. Esta característica lo hace ideal para ropa de abrigo, ya que en su interior quedan varios hilados adicionales que aportan grosor y consistencia al tramado.
La técnica también se conoce como Fair Isle o, en inglés, "stranded knitting". Implica tejer con dos colores simultáneamente en una misma fila, alternando entre ellos según el patrón deseado. Se pueden emplear varios colores a la vez, aunque el número de colores utilizables depende de la destreza del tejedor y de la complejidad del diseño.
El jacquard se diferencia del intarsia en un aspecto fundamental: en el intarsia, cada bloque de color tiene su propio ovillo y no hay hebras que crucen por detrás de todo el trabajo. En el jacquard, en cambio, los hilos se van entrelazando de punto en punto, lo que genera un tejido doblemente grueso y muy abrigado. Por eso es frecuente verlo en guantes, gorros y sweaters nórdicos: además de decorativo, es funcional.
Para comenzar necesitas agujas rectas o circulares, siendo recomendable las circulares aunque se teja en plano, porque sostienen mejor el peso de los dos ovillos. También se requieren dos o más colores de lana del mismo grosor y composición, para que la tensión sea pareja entre ambos; una carta de puntos (gráfico cuadriculado) donde cada casillero representa un punto y cada color un tono distinto; y marcadores de punto, tijera y aguja lanera para los remates.
La lectura de la carta es clave. En jacquard tradicional se teje casi siempre en punto jersey y del derecho por el frente, por lo que el gráfico se lee de derecha a izquierda en las hileras del derecho y de izquierda a derecha en las del revés si se teje plano. Cada casillero coloreado indica qué color tejer en ese punto exacto.
Antes de empezar conviene contar cuántos puntos tiene la repetición del dibujo y verificar que el montado sea múltiplo de ese número, para que el motivo cierre bien en la vuelta o en la hilera. Este pequeño cálculo evita sorpresas al final de cada fila.
El primer paso práctico es aprender a sostener los dos hilos. Hay varias formas: una mano (estilo español o continental) o una técnica combinada en la que se lleva un color en cada mano. Para principiantes se recomienda empezar sosteniendo los dos hilos con la mano que se usa para tejer, separados con los dedos, y tejer uno a la vez según lo que indique el gráfico.
Cuando se gana soltura, se puede probar el método de una mano por color, que es más rápido porque evita soltar y volver a tomar el hilo en cada cambio de color. Cada tejedora encuentra su ritmo, y no hay un único modo correcto.
El secreto real del jacquard está en la tensión de las hebras que quedan por el revés, llamadas "flotes". Si se tira demasiado del hilo que no se está usando, el tejido se frunce y pierde elasticidad; si se deja demasiado suelto, se forman bolsas y los flotes se enganchan con los dedos al usar la prenda.
La clave es extender el trabajo sobre la aguja derecha antes de tejer cada punto con el color de turno, dejando que el flote pase por detrás con la misma tensión que el resto del tejido, ni más flojo ni más tirante. Es un equilibrio que se logra con práctica, no con una regla fija.
Un truco infalible para lograr esa tensión es, cada tantos puntos, estirar apenas el tejido sobre la aguja para que el flote tenga el largo justo, ni corto ni sobrante. También conviene darse vuelta el trabajo cada tanto para controlar que los flotes no estén ni muy tirantes ni muy flojos, ya que el revés es donde se manifiestan los defectos de tensión.
Cuando un color no se usa durante más de cuatro o cinco puntos seguidos, conviene atrapar el flote: en el punto del medio se pasa la hebra que no se está tejiendo por debajo del hilo activo antes de completar el punto, como envolviéndola. Esto evita que queden hebras largas sueltas por el revés que puedan engancharse con un dedo, un botón o una joya al usar la prenda.
“Sube una o dos numeraciones de aguja respecto al jersey liso: el jacquard ya genera un tejido más denso por sí mismo.”
Dato clave