Cómo hacer el punto de incrustación paso a paso
El punto de incrustación es uno de los acabados más delicados y utilizados dentro del mundo del encaje y la costura fina, especialmente en el encaje de bolillos. Su función principal es unir el encaje, la puntilla o el entredós a la tela de forma segura, de manera que después se pueda recortar el tejido sobrante al ras sin necesidad de hacer dobladillo. El resultado es un acabado delicado, con aspecto de vainica, que deja ver la transparencia del encaje y que se mantiene firme tanto con el uso como con los lavados.
Existen varias formas de unir las puntillas a la tela, pero la más generalizada es precisamente la que se conoce como punto de incrustación, también llamado en algunos lugares punto turco o punto de París. Todas las variantes comparten la misma lógica: fijar el pie del encaje a la tela con pequeñas puntadas que forman cuadritos, para luego retirar el excedente de tela por el revés.
Antes de empezar conviene preparar el material adecuado. No es lo mismo trabajar a mano que a máquina, y las herramientas cambian según la técnica elegida:
- A mano: aguja fina de coser tipo sharp número 10, hilo fino de buena calidad como el DMC número 50, tijera de punta fina y curva (de bordadora) para cortar a ras sin deshilachar.
- A máquina: aguja fina, hilo adecuado al peso del encaje, tijera de bordadora de punta curva, y una máquina con función zig-zag de puntada menudo.
- Material general: alfileres finos, tela de estopilla o similar con trama visible, encaje o puntilla ya preparada, plancha para abrir márgenes.
El primer paso, común a todas las técnicas, es colocar la puntilla sobre el derecho de la tela. El encaje se sitúa con la blonda hacia abajo y montando sobre la prenda al menos un centímetro, de modo que quede un margen de tela que servirá de base para la incrustación. En telas de estopilla existe la ventaja de poder tirar de los hilos al hilo para usarlos como guía y colocar los encajes perfectamente derechitos, lo cual facilita enormemente la regularidad del trabajo.
A continuación se sujeta el encaje a la tela. Esta sujeción es crucial para que el punto no quede torcido ni desplazado:
- A mano: un hilván bien apretado en los dos bordes del encaje, con una puntada pequeña y regular.
- A máquina: un pespunte plano pasado justo sobre el borde recto del encaje, asegurándose de que no quede suelto en ningún punto. Este borde es muy estrecho, por lo que hay que coser despacio y sin forzar la aguja.
En la versión tradicional a mano, el punto de incrustación se trabaja de derecha a izquierda. Se comienza pinchando la tela desde atrás, cogiendo el borde del encaje, y entrando la aguja en la tela para levantar con la puntada tres hilos de la trama. Así se va cogiendo el pie de la puntilla junto con la tela, formando pequeños cuadrados con las puntadas. Es un movimiento rítmico, casi hipnótico, que requiere paciencia y constancia.
Después se repite la operación cogiendo los mismos tres hilos de la tela, entrando por el mismo hueco que se formó en la puntada anterior y saliendo esta vez pinchando a la vez la tela y el borde del encaje. El proceso se repite de forma continua, de manera que el encaje queda encajado en la tela por medio de esos cuadritos sucesivos. La regularidad es la clave del acabado profesional.
Un detalle importante es la constancia en el número de hilos que se cogen. Se pueden tomar tres o cuatro hilos de la trama, pero si se eligen tres hay que mantener esa misma cifra durante toda la labor, sin variar, para que el dibujo quede uniforme y regular de principio a fin. Cambiar el número de hilos a mitad del trabajo produce un acabado irregular que se nota visualmente.
En la versión a máquina, una vez pasado el pespunte se acude a la mesa de planchar y, por el revés, se dobla hacia arriba el margen de un centímetro. Si en algún tramo la puntilla quedó suelta, es el momento de rectificar el pespunte antes de seguir avanzando. La plancha ayuda a fijar la tela y a visualizar mejor el recorrido del pespunte.
El siguiente paso es pasar una costura en zig-zag por el derecho, sobre el borde recto del encaje. El zig-zag debe ser menudo pero no tupido, y ha de abarcar únicamente el ancho del borde recto del encaje, sin invadir la blonda. En máquinas domésticas funcionan bien valores de unos 2,5 de ancho por 0,5 de largo de puntada.
Las tensiones de la máquina merecen atención específica: ni la canilla ni la aguja deben estar tirantes si se quiere conseguir un acabado bien fino. Una tensión excesiva frunce el encaje y estropea la transparencia que se busca. Prueba siempre en un retal antes de abordar la prenda definitiva.
Llegados a este punto se recorta el margen sobrante de tela por el revés, trabajando con una tijera estrecha de punta fina y curva, cortando al ras del zig-zag para que no suelten hilos y el acabado quede fino. En la técnica manual se recorta la tela sobrante con mucho cuidado de no cortar ni la puntilla ni el punto de unión. La tijera de bordadora es imprescindible aquí, una tijera de costura corriente no da el control necesario.
“Zig-zag a máquina: 2,5 de ancho por 0,5 de largo, sin invadir la blonda del encaje”
Dato clave