Cómo hacer punto cadeneta paso a paso: la guía completa para principiantes y bordadores
El punto de cadeneta es uno de los puntos de bordado más básicos, populares y antiguos del mundo artesanal. Se trata de una puntada decorativa formada por una serie de bucles o anillas conectadas entre sí que recuerdan a una cadena, o a pétalos alineados uno detrás de otro. Su origen se remonta a las civilizaciones más antiguas, y está presente desde Asia hasta Europa con nombres como tambour stitch en inglés, point de chaînette en francés, Kettenstich en alemán, punto catenella en italiano o ponto cadeia en portugués.
Por su sencillez y versatilidad, es uno de los primeros puntos que se recomiendan a quien empieza a bordar a mano. Es un punto de tipo "uno-dos-tres": una vez dominado el bucle básico, las cadenas se enlazan entre sí y se puede dirigir su recorrido sobre la tela durante todo el tiempo que se desee. Es un excelente punto de contorno, de definición de bordes y también un buen punto de relleno, y sigue las curvas con gran naturalidad, lo que lo hace ideal para contornos, cenefas, letras, flores, tallos, enredaderas y diseños decorativos.
Cada eslabón de la cadena puede ser recto o curvo. Se pueden coser en líneas una al lado de la otra para llenar espacios, utilizarse como contorno de otra forma o emplearse como un solo tallo de una flor. Los eslabones se pueden dejar sueltos para conseguir una apariencia más abierta, o apretarlos para lograr una línea más sólida. El tipo de hilo influye notablemente en el resultado: un hilo más borroso produce un eslabón de cadena que parece más sólido, mientras que un algodón perlé permite una apariencia más abierta y aireada.
Para realizar el punto se necesita poco material, y eso es parte de su encanto. Es recomendable una aguja de punta roma de ojo grande, para la que la mercería puede aconsejar; un dedal, que evita muchos pinchazos una vez que se coge la costumbre; hilo de perlé especial, mouliné o incluso hilo de ganchillo fino; y un bastidor, de madera, plástico o silicona, que sujeta la tela tensa, ayuda a conseguir puntadas uniformes y evita que el tejido se frunza. Los bastidores son baratos y no hace falta que sean grandes, pues pueden ir moviéndose sobre una pieza de tela mayor. También es importante contar con buena luz, a poder ser natural.
Las telas más adecuadas son las de trama abierta, fáciles de perforar con la aguja, como el lino o la calicú sin blanquear. El bordado decorativo destinado a colgar en la pared se hace a menudo sobre tela aida, de trama muy abierta y con hilos que se pueden contar. En cuanto al hilo, un mouliné de seis hebras da un aspecto bastante grueso a la cadeneta; se pueden usar menos hebras para un trabajo más fino, y tres hebras funcionan especialmente bien para este punto, procurando no alargar demasiado la puntada.
El bordado se enhebra de forma sencilla, sin doblar el hilo. Si el hilo grueso no pasa por el ojo de la aguja, un enhebrador resuelve el problema. Se saca el hilo por el reverso del bastidor en el punto de inicio, dejando una cola en la parte trasera que se sujetará después para que el reverso quede limpio; esa cola se puede sujetar con los dedos al empezar, con un trocito de cinta, o simplemente anudar el extremo. Es un detalle pequeño que marca la diferencia entre un trabajo bien acabado y uno descuidado.
El primer punto se hace introduciendo la aguja en un punto situado justo al lado del punto por donde salió el hilo, en un agujero separado. A continuación, la aguja vuelve a salir por un punto situado justo delante de ambos. La distancia a la que se saca la aguja determina el tamaño de la cadeneta: para practicar, unos seis milímetros (un cuarto de pulgada) es una medida cómoda que permite ver bien lo que se hace, y se puede reducir el tamaño a medida que se gana confianza.
El paso clave, el que marca el punto de inflexión en el aprendizaje, consiste en pasar la hebra por debajo de la punta de la aguja antes de extraerla. Se rodea el hilo bajo la punta de la aguja, de izquierda a derecha, formando una argolla, y se tira suavemente hacia el derecho de la tela: esa es la primera cadena. La aguja no debe extraerse del todo hasta haber colocado el hilo por debajo; al tirar, el bucle se aprieta y queda formado el primer eslabón. Como el punto de festón, esta simple puntada pertenece al grupo de puntos que se forman con un bucle por debajo de la punta de la aguja.
Una vez formado el primer eslabón, el hilo que acaba de salir actúa como anclaje de la cadena siguiente. Para continuar, se introduce la aguja en el espacio de la cadena anterior, justo al lado del punto por donde se hizo la última entrada y por dentro del bucle, y se saca por el siguiente punto, por fuera del bucle. Se repite la operación de rodear el hilo por detrás de la aguja de izquierda a derecha y extraer la aguja para formar el siguiente eslabón, y se sigue este procedimiento hasta el final de la línea. La cadeneta se trabaja habitualmente de izquierda a derecha, aunque para aprender es cómodo hacerla en sentido vertical, de arriba hacia abajo, en un único movimiento.
Para terminar la labor se realiza una pequeña puntada recta de sujeción en la última cadena, que cierra y ancla el último bucle. Después se puede pasar la hebra por debajo de puntadas cercanas en el reverso antes de cortarla. Si se cambia de opinión a mitad del recorrido, el punto es fácil de deshacer: los bucles simplemente se desmadejan y se puede redirigir la línea y volver a empezar. Es un punto muy perdonaerrores, ideal para quien está aprendiendo.
“Para practicar, una puntada de 6 mm es la medida ideal: lo justo para ver bien el bucle y ganar confianza sin frustrarse.”
Dato clave