La base fundamental de cualquier pieza de sushi es el arroz, específicamente la variedad de grano corto japonés, que posee un alto contenido en almidón necesario para lograr esa cohesión pegajosa pero firme que caracteriza a este plato. A diferencia del arroz blanco común, el arroz para sushi requiere una cocción precisa y una técnica de aderezo llamada shari. Para comenzar, debes lavar el arroz varias veces bajo agua fría hasta que esta salga completamente transparente, eliminando el exceso de almidón superficial que podría hacer la masa gomosa. La proporción estándar es de 3 tazas de arroz por 3 y media o 4 de agua, dependiendo de la antigüedad del grano. Una vez cocido, ya sea en cazuela tradicional o en olla arrocera, el arroz debe reposar tapado durante 15 a 20 minutos para que los granos se asienten y absorban la humedad restante de forma uniforme.
El momento crítico ocurre cuando el arroz aún está caliente: debes transferirlo rápidamente a un bol de madera o plástico, conocido como hangiri, evitando el metal ya que reacciona con los ácidos. Añade la mezcla de vinagre de arroz, azúcar y sal, conocida como sezoningshio. La proporción habitual es de 4 cucharadas de vinagre, 2 de azúcar y 1 de sal por cada 3 tazas de arroz crudo. Con un movimientos en diagonal con el espátula o cuchara, remueve el arroz para enfriarlo rápidamente sin aplastar los granos, imitando un movimiento de corte. Este proceso, llamado tamaki, permite que el vapor escape y se incorpore el sabor ácido-salado-dulce uniformemente. El resultado debe ser un montón brillante, con granos individuales visibles pero unidos, listo para moldear dentro de los 30 minutos siguientes.
Dominar la técnica del arroz de sushi es el paso más importante para crear piezas equilibradas y auténticas. Recuerda que la paciencia en el lavado y la rapidez en el aderezo son clave. Una vez dominada esta base, podrás experimentar con diferentes tipos de vinagre o añadir semillas de sésamo para variar el perfil de sabor.