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finanzas ·#497 ·Lectura 19 min. · Redactor: Redacción Nexuscurioso

¿Como ahorrar cuando tienes deudas?

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El mini colchón de emergencia (500-1.000 €) evita que un imprevisto te devuelva a la tarjeta revolving con intereses del 20%+. No es ahorro por ahorrar, es seguro contra la deuda.

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Cómo ahorrar cuando tienes deudas: el orden correcto que cambia todo

Ahorrar mientras pagas deudas suena a contrasentido, y por eso tanta gente se queda paralizada. O intentas guardar algo y sientes que haces el tonto mientras los intereses te comen, o te centras en la deuda y vives con esa sensación amarga de no avanzar nunca. La clave real no está en elegir entre ahorrar o pagar deudas, sino en hacerlo en el orden correcto. Puedes ahorrar teniendo deudas, claro que sí, pero no de cualquier forma. Si entiendes qué priorizar en cada momento, empiezas a respirar, evitas nuevos problemas y construyes una base sólida sin necesidad de ganar más dinero de golpe.


Lo primero y más importante es entender que no todas las deudas se tratan igual. Meter en el mismo saco una hipoteca al 2,5%, una tarjeta revolving al 20% y un préstamo personal al 8% es una decisión que te puede costar miles de euros. Si tienes deuda muy cara, especialmente tarjetas de crédito, revolving o créditos rápidos, esa deuda te está devorando vivo, y tu prioridad principal no es invertir ni montar un gran ahorro, sino frenar esa sangría cuanto antes. Si en cambio tienes una deuda más barata y estable, puedes permitirte combinar pago y ahorro con bastante más equilibrio.


Antes de decidir nada, conviene listar todas tus deudas con cuatro datos fundamentales. Sin el tipo de interés exacto se decide a ciegas, así que revisa el contrato o el extracto bancario:


DeudaCuota mensualInterés (TAE)Plazo restanteSaldo pendiente
Tarjeta revolving35 €22%Indefinido2.800 €
Préstamo personal120 €8,5%24 meses2.400 €
Hipoteca680 €2,5%18 años145.000 €
Tarjeta消费 al contado0 €0%Mensual0 €

El orden correcto, en la mayoría de los casos, es este: dejar de crear deuda nueva, reunir un mini colchón inicial, pagar el mínimo de todas las deudas, atacar con fuerza la deuda más cara y, cuando esa caiga, pasar a la siguiente. El mini colchón importa mucho más de lo que parece. El Banco de España recomienda un fondo de emergencia equivalente a entre 3 y 6 meses de gastos, pero si hoy estás muy justo no empieces por ahí. Empieza por algo pequeño y realista: 500 €, 1.000 € o un mes de gastos esenciales. La función de ese dinero no es ahorrar por ahorrar, sino evitar que una avería del coche, un dentista o un recibo inesperado te devuelvan a la tarjeta. No es lo mismo ahorrar para vacaciones que guardar dinero para no endeudarte otra vez.


Un error muy común, y que mucha gente comete con toda la buena intención del mundo, es usar cada euro libre en amortizar deuda y quedarse a cero en la cuenta. Parece disciplinado, parece responsable, pero te deja vendido al primer imprevisto. La lógica de destinar todo el dinero extra a saldar las deudas falla estrepitosamente cuando no se reserva nada para emergencias. Cualquier gasto imprevisto, que se estropee el coche, una derrama de la comunidad, una multa o una reparación urgente en casa que el seguro no cubre, te obliga a pedir otro préstamo o tirar de tarjeta, incrementando de nuevo el nivel de deuda. Por eso un buen plan contempla dos frentes a la vez: pagar las deudas de forma ordenada y priorizada, reduciendo intereses y recargos, y ahorrar una pequeña cantidad para crear un fondo de seguridad que te proteja de gastos inesperados.


Antes de diseñar cualquier plan hay que saber de dónde se parte. Tómate un par de horas, con calma, para analizar tus ingresos netos mensuales (sumando fijos y variables), tus gastos imprescindibles (alquiler o hipoteca, suministros, transporte, alimentación básica), tus gastos no tan necesarios (ocio, compras impulsivas, suscripciones) y todas tus deudas. Este ejercicio detecta por dónde se te va el dinero y permite establecer prioridades reales. El primer paso no es ganar más, ni invertir, ni buscar el bróker perfecto. El primer paso es mirar, porque el problema de las finanzas personales casi nunca es de ingresos: es de visibilidad.


Conviene fijar metas claras y alcanzables, cosas que puedas medir. Por ejemplo, ahorrar 500 € como fondo de emergencia en 5 meses, pagar la tarjeta de crédito más cara en 3 meses o reducir la deuda total un 30% en 12 meses. Las metas medibles mantienen la motivación y permiten ajustar el plan si surgen imprevistos. Para repartir el dinero cada mes, si vas justo, sirve un presupuesto real, no una intuición ni un presentimiento.


Un reparto de ejemplo con 1.200 € de ingresos netos:


PartidaImporte% del ingreso
Gastos esenciales (vivienda, suministros, comida, transporte)650 €54%
Cuotas mínimas de deudas250 €21%
Mini ahorro automático50 €4%
Amortización deuda más cara150 €12,5%
Variables y margen100 €8%

No es espectacular, no te vas a hacer rico. Pero cambia mucho la vida. Ya no vives esperando a ver qué pasa, mantienes el sistema y reduces deuda a la vez que construyes colchón. Si ahora mismo no ves ni 50 € de margen, tu trabajo no es ahorrar mejor, es liberar caja.


Como guía de reparto clásico existe la regla 50/30/20: 50% de los ingresos netos a necesidades (alquiler, hipoteca, suministros, comida, transporte), 30% a caprichos (ocio, restaurantes, viajes, ropa) y 20% a ahorro e inversión (fondo de emergencia, inversiones, pago extra de deudas). Con 2.000 € netos serían 1.000 €, 600 € y 400 €. El problema es que esa regla se inventó en Estados Unidos con un coste de la vivienda muy distinto al de muchos países europeos. Si vives en Madrid o Barcelona y pagas 900 € de alquiler con un sueldo de 1.800 €, solo la vivienda ya se come el 50% antes de que empieces a contar. La regla marca dirección, pero hay que adaptarla: si tus necesidades ocupan el 60%, ajusta a 60/20/20 o 60/25/15. Lo no negociable es que el bloque de ahorro exista, aunque sea un 10% o 100 € al mes. Porque si es cero, estás construyendo sobre arena.


Recortar gastos no va de castigarte ni de vivir como un monje franciscano. Va de distinguir lo fijo, lo necesario y lo prescindible. Empieza por revisar suscripciones, comidas fuera, compras impulsivas, seguros duplicados, tarifas de móvil e internet, pequeños pagos automáticos y caprichos recurrentes. Muchas veces no arreglan todo, pero liberan el primer dinero que permite arrancar. Después mira gastos más grandes negociables: cambiar de compañía, renegociar servicios, vender algo que no uses, ajustar el transporte o redefinir el ocio temporalmente.


Un caso realista: quien gana 1.400 € y debe dos tarjetas no suele salir del agujero dejando de tomar café fuera. Pero sí mejora mucho si recorta 35 € en suscripciones, 40 € en delivery, 25 € en una tarifa inflada y 50 € en compras impulsivas. Suma 150 € mensuales que antes desaparecían sin dejar rastro.


Los gastos hormiga son la clave silenciosa. Pequeños gastos repetitivos del día a día que parecen inofensivos pero afectan directamente a tu capacidad de ahorro: el café de camino al trabajo, los snacks entre comidas, promociones de servicios que no usas, cargos por delivery. Detectarlos y controlarlos es la forma de ahorro más efectiva cuando el presupuesto está ajustado. El gasto fantasma más habitual son las suscripciones. Plataformas de streaming, el gimnasio que no pisas desde febrero, la app de meditación que usaste dos días, la nube de almacenamiento que no necesitas, el seguro del móvil que te metieron gratis tres meses y llevas pagando 14 € al mes. Individualmente son 5, 10 o 15 €. Juntas suman 80 a 120 € al mes sin problema, y 200 o 300 € mensuales se evaporan sin que te enteres.


La prueba es sencilla: abre los movimientos del banco del mes pasado, anota todos los cargos recurrentes y pregúntate con cada uno: si no lo tuviera, ¿lo volvería a contratar hoy? Si la respuesta es no, cancélalo. Y ojo, hay gastos que no conviene tocar: vivienda (renta o hipoteca), despensa (alimentación, higiene y limpieza), salud (seguros, chequeos, medicamentos), transporte y previsión (retiro, plan funerario). Reducir en esos rubros puede traducirse en estrés financiero adicional y poner en riesgo la cobertura de necesidades básicas. Lo que sí se puede reducir o eliminar temporalmente es el entretenimiento excesivo, los servicios de streaming poco usados, las membresías que no usas, las compras impulsivas o emocionales y las salidas frecuentes a comer. Los ajustes graduales resultan más sostenibles que los recortes drásticos.

“Método avalancha (por interés TAE) vs bola de nieve (por saldo). El mejor es el que puedes mantener: con 4.000 € de deuda mixta, la avalancha ahorra entre 300 y 500 € en intereses frente a la bola de nieve.”

Dato clave
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Pantalla de app bancaria con transferencias automáticas y calendario con fechas de pago marcadas

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Del bloqueo financiero al plan que sí funciona, paso a paso

Para priorizar deudas existen dos métodos contrastados, ambos con lógica sólida y resultados probados. No hay uno 'correcto' universal, hay uno que se adapta mejor a tu perfil psicológico y financiero.


El método avalancha ordena las deudas de mayor a menor tipo de interés (mirando la TAE, no solo el TIN nominal), paga el mínimo de todas y dirige el dinero extra a la más cara, normalmente tarjetas y créditos al consumo. Al cancelarla, ese importe pasa a la siguiente deuda más cara. Es la opción matemáticamente óptima: minimiza los intereses totales y suele acortar el plazo. Su inconveniente es que la primera deuda puede ser grande y tardar en desaparecer, lo que desmotiva bastante.


El método bola de nieve ordena las deudas de menor a mayor saldo pendiente, sin mirar el interés: pagas el mínimo de todas y concentras el extra en la más pequeña. Cuando la liquidas, sumas esa cuota a la siguiente, y el dinero destinado a amortizar crece como una bola de nieve. Su fortaleza es psicológica. Liquidar la primera deuda en pocos meses da una victoria temprana, refuerza el hábito y reduce el número de pagos mensuales. Su inconveniente es que puedes pagar algo más de intereses, sobre todo si tu deuda más cara es también de las mayores.


CriterioAvalanchaBola de nieve
OrdenPor interés (TAE) descendentePor saldo ascendente
Ventaja principalMenos intereses totalesMotivación y victorias rápidas
InconvenientePrimera deuda puede tardar muchoPaga algo más de intereses
Ideal paraPersonas metódicas, analíticasPersonas que necesitan ver resultados pronto
Con 1.200 €/mes y 4.000 € de deudaAhorra ~300-500 € en interesesPrimera deuda libre en 2-3 meses

Con varias deudas de consumo y tarjetas, la avalancha puede ahorrar varios cientos de euros en intereses y recortar uno o dos meses de plazo. La diferencia depende de lo dispares que sean los tipos de interés. Si son parecidos, ambos métodos dan casi lo mismo, y conviene quedarse con el más fácil de seguir. En la práctica, el mejor método es el que seas capaz de mantener. Si ya has abandonado planes a los pocos meses, la bola de nieve juega a tu favor. Si eres metódico y te motiva ver bajar los intereses, la avalancha te hará ahorrar. También puedes combinarlos: empezar por una o dos deudas pequeñas y cambiar luego al criterio del interés más alto. Sea cual sea la elección, automatiza los pagos y revisa el plan cada mes, con un objetivo visible en una hoja en la nevera o una hoja de cálculo compartida.


Un matiz importante sobre la priorización: cuando se habla de liquidar primero las deudas que generan más intereses, hay que entenderlo en términos relativos. Si tienes una hipoteca, es probable que sea la deuda para la que más intereses pagas en absoluto, pero no tendría sentido intentar pagarla antes que préstamos personales o saldos de tarjetas de crédito, que cuestan mucho más en términos relativos. La tarjeta revolving merece mención especial: si tienes una, cancélala hoy. Los intereses pueden superar el 20% TAE y es una trituradora diseñada para que pagues lo mínimo y nunca acabes de pagar. Pagar solo el mínimo de una tarjeta puede alargar la deuda años y multiplicar su coste total. Destinar un pequeño ahorro a pagos anticipados reduce significativamente el tiempo y el monto total que terminarás pagando.


Distinguir deuda buena de deuda mala también ayuda a priorizar con cabeza. Deuda mala es la que financia algo que pierde valor o no genera nada: el coche a crédito, la tele en 24 cuotas, las vacaciones con tarjeta revolving. Compras algo que mañana vale menos y encima pagas intereses. Deuda buena es la que financia algo que gana valor o genera ingresos: una hipoteca a tipo fijo razonable para vivienda, un préstamo para formarte y ganar más, o un crédito para montar un negocio con un plan sólido. La clave es preguntarse si lo que compras con esa deuda te va a generar más dinero del que te cuesta. Si la respuesta es no, estás empobreciéndote a plazos. Financiar un máster de 8.000 € a 3 años que sube tu sueldo 400 € al mes es tolerable (recuperas la inversión en 20 meses). Financiar unas vacaciones de 3.000 € a 12 meses con intereses es deuda mala, porque las vacaciones ya pasaron y tú sigues pagando con intereses.


Automatizar es la mejor forma de no caer en la tentación de gastar lo que deberías ahorrar o destinar a deuda. Programa transferencias automáticas para pagar la deuda prioritaria nada más cobrar la nómina y para transferir el importe de ahorro mensual a una cuenta separada. Si el dinero desaparece de tu cuenta principal nada más llegar, te acostumbras a vivir con lo que realmente tienes disponible: si no lo ves, no lo gastas. El mini colchón no debe estar mezclado con el dinero del día a día; si lo dejas en la cuenta corriente, acabarás tocándolo. Lo ideal es separarlo en un sitio seguro, líquido y simple, accesible, sin riesgo raro y sin barreras. Una cuenta remunerada (hay opciones entre el 1% y algo más del 3% TAE sin atarte), un depósito a corto plazo de 3 a 6 meses, o letras del Tesoro a 3 meses, seguras y líquidas. No busques rentabilidad heroica aquí, busca disponibilidad. Ya tendrás tiempo de optimizar cuando dejes atrás la deuda cara. El fondo de emergencia nunca se invierte en bolsa: si la bolsa cae un 30% justo cuando te despiden, tu fondo vale un 30% menos justo cuando más lo necesitas.


Conviene también calcular el patrimonio neto, que es una resta simple: lo que tienes (dinero en cuentas, inversiones, valor de la vivienda, coche, ahorros) menos lo que debes (hipoteca pendiente, préstamos, tarjetas con saldo, créditos). Si el resultado es positivo, tienes una base. Si es negativo, no te flagelo, pero necesitas saber el punto de partida para mejorar. Ese número es la única cifra que importa de verdad, ni tu sueldo, ni tu coche, ni tu piso. Repite el ejercicio cada seis meses. Y un presupuesto sin seguimiento es como una dieta que haces el 1 de enero y abandonas el 8: revísalo cada mes, y los primeros tres meses míralo cada semana, buscando que no haya sorpresas más que que cuadre al céntimo.


Hay situaciones en las que el ahorro pasa a segundo plano durante unos meses: si estás pagando intereses altísimos, si solo cubres mínimos y la deuda casi no baja, si usas la tarjeta para llegar a fin de mes, o si ya tienes aunque sea un pequeño colchón y tu deuda te está ahogando. En esos casos lo razonable puede ser mantener un ahorro simbólico o pausarlo temporalmente para acelerar la salida. Pero la decisión debe ser consciente y ordenada, no un impulso. Conviene además no invertir mientras tengas deudas al 10% o más de interés. No tiene sentido buscar un 7% de rentabilidad en bolsa mientras pagas un 15% en una tarjeta, es como intentar llenar una bañera con el tapón quitado. Si una deuda te cuesta un 15% o más, ninguna inversión conservadora te compensa ese coste con seguridad. Primero estabiliza con colchón básico y deuda bajo control, y la inversión viene después.


Evitar nuevas deudas mientras estás en fase de pago es uno de los puntos más críticos. No usar tarjetas de crédito para gastos cotidianos, evitar compras a plazos salvo que sean imprescindibles, no solicitar microcréditos para cubrir gastos del día a día. De poco sirve amortizar por un lado si acumulas por otro. El error más caro es seguir pagando el día a día con tarjeta, porque la deuda no baja si la rellenas cada mes. Si necesitas apoyo para gestionar tentaciones de gasto, usa aplicaciones de control de gastos o contacta con un asesor financiero. Antes de lanzarte a pagar, prepara el terreno: frena la entrada de nueva deuda, crea un pequeño fondo de emergencia aunque sean unos cientos de euros y, si tu situación está muy fragmentada, evalúa si te conviene una consolidación de deudas antes de aplicar el método. Revisar tu posición en el CIRBE del Banco de España te dará la foto completa, y el Portal del Cliente Bancario del supervisor recuerda que antes de asumir o reorganizar deuda conviene analizar la capacidad real de pago y comparar el coste total de cada producto.


Si ya has recortado todo lo recortable y necesitas acelerar, plantéate aumentar ingresos: vender cosas que ya no uses (ropa, tecnología, muebles), hacer trabajos por horas o freelance, ofrecer clases particulares, reparaciones o servicios puntuales. Cada euro extra puede ir directo al plan de amortización. Y revisa el plan cada 2 o 3 meses: ¿has conseguido ahorrar lo previsto?, ¿has podido pagar las cuotas acordadas?, ¿ha surgido algún gasto inesperado que desajustó el plan? Si algo no funciona, adáptate: aumenta el plazo, redistribuye partidas o reordena prioridades. Lo importante es mantener la disciplina y no abandonar. Entre los errores frecuentes están no tener presupuesto, dejar de pagar mínimos para volcarse en una sola deuda (lo que dispara comisiones e intereses de demora), olvidar revisar el plan y celebrar avances, querer ahorrar demasiado de golpe, no tener un objetivo claro como el fondo de emergencia, ignorar el impacto del pago mínimo y depender solo de la motivación en lugar de un plan.


El día que pagues la última deuda es fundamental no bajar la guardia. Mantén el hábito de ahorro, redirige la cantidad que usabas para pagar deudas a crear un fondo de emergencia más sólido y considera invertir una parte para hacer crecer tu patrimonio a largo plazo. Así transformas un esfuerzo puntual en una base financiera sólida, viendo la reducción de deuda no como un esprint para volver al punto de partida, sino como un aprendizaje de nuevos hábitos saludables.

Conclusión:

¿como ahorrar cuando tienes deudas?

Ahorrar teniendo deudas sí es posible, pero no empieza por ahorrar mucho. Empieza por dejar de desordenarte. Primero paras la deuda nueva, luego montas un pequeño colchón, después pagas siempre el mínimo de todo y concentras el esfuerzo extra en la deuda más cara. No necesitas hacerlo perfecto este mes; necesitas un sistema que puedas repetir el mes que viene. Si hoy pones números reales sobre la mesa y separas aunque sean 50 € con intención, ya has empezado a salir del bucle. Y el día que la última cuota caiga, no bajes la guardia: ese hábito que construiste es más valioso que cualquier deuda que hayas liquidado.

Fuentes: 1º finantres.com, 2º ideasyahorro.com, 3º yotepresto.com, 4º gestionia.net, 5º economipedia.com
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Redacción: Redacción Nexuscurioso · Actualizado en: 15/10/2026

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