Cómo ahorrar combustible: medidas que realmente funcionan
El carburante se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza para cualquier conductor. Llenar un depósito completo en España ronda los 80 euros en gasolina y los 85 euros en diésel, con precios por litro que oscilan entre los 1,55 € y los 1,70 € según el tipo de combustible. No es poca cosa, y la tentación de pensar que no hay forma de recortar ese gasto es grande. La buena noticia es que sí la hay, y sin necesidad de vender el coche ni cambiarlo por uno eléctrico.
Los expertos calculan que cambiar hábitos de conducción permite ahorrar hasta un 20% del consumo, y la conducción eficiente por sí sola puede recortar hasta un 15% de carburante. Entre el 30% y el 50% del gasto depende directamente de cómo conduces, no del coche en sí. Eso significa que la mayor parte del ahorro está en tus manos, no en el bolsillo del surtidor.
La base de una conducción eficiente es sencilla: acelerar con decisión, subir de marcha a tiempo —en torno a las 2.000 rpm en gasolina, entre 1.500 y 2.500 rpm en diésel— y mantener la velocidad deseada a bajas revoluciones. Solo se reduce de marcha cuando el motor empieza a dar tirones. En la mayoría de vehículos es en 4ª, 5ª y 6ª donde el consumo baja de forma notable, así que en ciudad conviene circular en esas relaciones largas respetando los límites. No hay que esperar a 3.000 o 3.500 rpm para subir: una marcha que no se cambia genera exceso de revoluciones y más gasto.
Si tu coche tiene caja automática, también puedes ahorrar. Muchos modelos permiten elegir modos de conducción con el selector; el modo ECO hace que la caja cambie antes y a menos revoluciones, y en algunos casos ajusta la respuesta del acelerador o reduce ligeramente la potencia. Es un pequeño gesto que suma.
Otro pilar fundamental es conducir con anticipación. Frenar consume energía, así que el freno motor debe ser tu aliado. Al soltar el acelerador para decelerar suavemente, el suministro de combustible baja hasta un 2%, y la mayoría de los coches con motor de combustión incorporan un corte de inyección que interrumpe por completo el suministro durante la desaceleración. Poner el punto muerto al acercarse a un semáforo en rojo no tiene ningún sentido: lo correcto es soltar el acelerador con antelación y dejar que el coche ruede los últimos cientos de metros con la marcha puesta. Por encima de unos 20 km/h con marcha insertada y sin pisar el acelerador, el consumo es prácticamente nulo.
La velocidad uniforme y la fluidez marcan la diferencia. Evita frenar, acelerar y cambiar de marcha si no es necesario; si hay que frenar, hazlo suave y reduce de marcha lo más tarde posible, sobre todo en cuestas abajo. El control de crucero en autopista ayuda porque el ordenador del coche es más preciso que el pie manteniendo la velocidad indicada, y en rampas ascendentes conviene marcar algo menos para no forzar el motor. Mantener una distancia de seguridad adecuada reduce frenazos y acelerones. Y un mito que conviene desterrar: pegarse detrás de un camión para 'aprovechar el aire' está prohibido, es peligroso y ahorra décimas insignificantes.
La resistencia aerodinámica crece más rápido que la velocidad, así que en autopista conviene respetar los 120 km/h. Cuanto más rápido vas, más lucha el motor contra el viento. Las ventanillas y el techo solar abiertos dificultan el flujo de aire: abrirlas en ambos lados añade unos 0,2 litros a los 100 km. A velocidades de carretera o autopista es más eficiente viajar con las ventanas cerradas y el aire acondicionado conectado; solo a bajas velocidades, en tráfico urbano, abrir las ventanillas ofrece ventaja.
El aire acondicionado funciona acoplado al motor mediante el compresor, lo que obliga a este a trabajar más. A 100 km/h la climatización incrementa el consumo unos 0,3 litros por cada 100 kilómetros; en ciudad el incremento puede llegar al 20%, y según el modelo el rango va de 0,3 a 1,5 litros/100 km. Para optimizar su uso, pon el aire unos 5 °C por debajo de la temperatura exterior: cuanto más tenga que enfriar, más combustible gasta, y una diferencia superior a 10 °C puede provocar un choque térmico. No lo pongas a tope al arrancar; abre puertas y ventanillas primero para ventilar de forma natural. Y cuida el filtro del climatizador: si está en mal estado la potencia del motor cae y el consumo sube.
En invierno, la calefacción tampoco debe abusarse. Lo aconsejable es mantener entre 21 °C y 23 °C en el interior; dirigir las salidas de aire hacia el suelo, porque el aire caliente tiende a subir; y esperar unos minutos hasta que el motor alcance su temperatura de trabajo. La calefacción estacionaria consume entre 0,2 y 0,5 litros por hora. No la sustituyas por ir abrigado: el abrigo limita movimientos y el cinturón no cumple su función si no va bien ajustado al cuerpo.
Por último, los dispositivos eléctricos del coche obtienen energía del generador que mueve el motor de combustión, así que todo consumidor encendido consume combustible. La demanda no depende de la distancia ni de la velocidad, sino del tiempo de uso. Apaga lo que no necesites. El alumbrado incrementa el consumo en torno al 2%, pero nunca apagues las luces cuando son necesarias: eso compromete la seguridad.
“Un motor al ralentí gasta entre 0,5 y 1 litro por hora: en dos o tres meses puedes consumir un depósito entero sin moverte.”
Dato clave